La histórica cervecería artesanal argentina ajusta su modelo de negocio con locales más chicos, propuestas gastronómicas ampliadas y un perfil de franquiciado más activo. La inversión inicial arranca en los 50.000 dólares.
Antares, la cervecería nacida en Mar del Plata en 1998 y pionera de la cerveza artesanal en Argentina, atraviesa una nueva etapa de transformación. Con 40 franquicias distribuidas en todo el país, la compañía busca adaptarse a un consumidor que prioriza experiencias más amplias, saludables y familiares, según explicó su cofundador Pablo Rodríguez durante el Discovery Day organizado por la consultora Canudas Franquicias.
El primer local de Antares abrió en 1998 con fábrica integrada y capacidad de producción de entre 5.000 y 6.000 litros mensuales. En sus inicios ofrecía tres estilos: una rubia estilo alemán, una Scotch y una Porter, que luego dieron forma al clásico esquema de rubia, roja y negra. El proyecto incluía un restaurante con capacidad para 100 cubiertos, a pesar de que ninguno de los socios tenía experiencia gastronómica.
La expansión no fue inmediata. Antares pretendía vender barriles y botellas a bares y supermercados, pero chocó contra la competencia de las grandes cerveceras industriales. "Nos dimos contra una pared. Había un monstruo del otro lado y era Quilmes", recordó Rodríguez. Ese obstáculo impulsó el desarrollo de un sistema de franquicias propio. La primera franquicia se abrió recién en 2004.
Entre 2005 y 2010 la empresa abría uno o dos locales por año, pero entre 2009 y 2017 llegó el boom de la cerveza artesanal y Antares pasó a inaugurar entre seis y ocho franquicias anuales. La pandemia representó otro punto de inflexión: hasta entonces, el 90% del negocio estaba en barriles y consumo gastronómico. Con los bares cerrados, la empresa aceleró su estrategia de productos envasados y reforzó su presencia en góndolas. Hoy produce entre 600.000 y 700.000 litros mensuales.
La reinvención actual apunta a un consumidor diferente. "La gente quiere cerveza más suave, menos alcohol y propuestas más inclusivas", aseguró Rodríguez. La marca lanzó una IPA sin alcohol, uno de los productos de mayor crecimiento reciente. El rediseño también alcanza a los locales: se busca abandonar el modelo clásico de cervecería oscura con banquetas altas para adoptar espacios más luminosos, familiares y cómodos, que incorporen cafetería, coctelería y más opciones gastronómicas orientadas a todo el día.
En cuanto a las franquicias, el perfil del franquiciado también cambió. "Hoy el franquiciado tiene que estar presente en la gestión del negocio", remarcó Rodríguez. La empresa apuesta por locales más chicos y eficientes, de entre 100 y 120 metros cuadrados, con equipos de cinco a siete personas. La inversión para abrir una franquicia remodelada ronda entre 50.000 y 60.000 dólares, más un fee de ingreso de entre 10.000 y 11.000 dólares y honorarios de arquitectura de entre 6.000 y 8.000 dólares. El tiempo de obra para una remodelación liviana es de 45 a 60 días.
El recupero de la inversión se proyecta en aproximadamente 30 meses. "La ecuación gastronómica cambió y ya no son los rendimientos de hace ocho años", reconoció Rodríguez. La compañía considera viable abrir locales en ciudades desde 60.000 habitantes, y entre las plazas prioritarias aparece Rosario, donde la marca busca regresar. Actualmente la cadena tiene 40 franquicias en funcionamiento y tres proyectos en diseño, mientras trabaja en el rebranding progresivo de los locales existentes.
