Ada Jardín, un proyecto que comenzó comercializando lombrices californianas durante la pandemia, se consolidó como un vivero boutique con cafetería de especialidad en la Ciudad de Buenos Aires, logrando un crecimiento sostenido sin inversores externos.
En Villa Ortúzar, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, funciona Ada Jardín, un establecimiento que combina un vivero boutique, una cafetería de especialidad, un centro de compostaje y un espacio para eventos culturales. Fundado en 2020 por Luciana Amicone y Julián González Oliva, el proyecto se distingue por fomentar la permanencia prolongada de sus clientes.
Actualmente, la empresa gestiona cuatro unidades de negocio: venta minorista, café de especialidad, experiencias y servicios verdes, y cuenta con una comunidad de más de 20 mil seguidores en redes sociales. Su desarrollo se ha financiado íntegramente mediante la reinversión de utilidades, sin recurrir a créditos bancarios o inversores externos.
El origen se remonta a 2019, con el compostaje doméstico que realizaba Julián. En junio de 2020, impulsados por la pandemia, iniciaron la venta de lombrices californianas a través de internet. «Pasábamos noches contando lombrices una por una para armar los frascos», recuerda Amicone. La logística familiar y el asesoramiento técnico permitieron formar una comunidad inicial.
El crecimiento los llevó a expandir el catálogo a insumos de jardinería y plantas, lanzar su propio sitio web y, en 2022, abrir su primer local físico en Virrey del Pino 4383 con una inversión inicial de 20.000 dólares de ahorros propios. La inversión acumulada se estima hoy en 60.000 dólares, reinvertidos desde el flujo de caja.
La incorporación del café de especialidad en noviembre de 2024 marcó un punto de inflexión. «El gran salto fue sumar el café, que terminó siendo lo que consolidó la identidad del lugar: un vivero-boutique donde la gente se queda, charla y arma comunidad», explica Luciana. Esta área se ha convertido en la fuente de facturación más estable, complementada por talleres y eventos.
Los fundadores atribuyen parte del éxito a la combinación de sus experiencias previas: Luciana en administración y organización de eventos, y Julián con 25 años en ventas y desarrollo de negocios. El equipo está capacitado para priorizar el vínculo con el cliente sobre la transacción rápida. La empresa reporta un crecimiento interanual sostenido y proyecta superar la facturación del año anterior.
