Valenziana, una fábrica de muebles que emplea a 200 personas en un pueblo de 900 habitantes, implementa un plan de inversión y diversificación para sostenerse ante el aumento de costos y la caída del consumo, manteniendo su compromiso con el empleo local.
Rodrigo Díaz, gerente de la pyme mueblera Valenziana, inicia cada semana revisando la situación financiera de la empresa. Con sede en Uranga, un pueblo de 900 habitantes en el sur de Santa Fe, la fábrica es una fuente laboral clave para la comunidad, ya que emplea a 200 personas.
Díaz identifica tres factores principales que afectan al sector: el aumento de costos de insumos derivados del petróleo (como espumas, telas y pinturas), que subieron entre un 30% y 40%; la retracción del consumo, que ahora compite con otros rubros no esenciales como viajes o autos; y la apertura a las importaciones. Para hacer frente a esto, la empresa absorbió gran parte del incremento de costos sin trasladarlo completamente a los precios, lo que redujo su rentabilidad.
Según datos de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines, las ventas de pymes muebleras cayeron en promedio un 19% en el último tramo de 2025, con una contracción del empleo industrial superior al 6%. En este contexto, la producción de Valenziana disminuyó cerca de un 40% desde la pandemia.
Lejos de replantearse, la empresa inició en 2023 un plan de inversión que incluye la diversificación hacia muebles a medida (cocinas, baños y vestidores), un segmento con mayor valor agregado y menos expuesto a la competencia importada. Actualmente, esta unidad representa entre el 5% y 6% de la facturación, con la expectativa de alcanzar el 30% antes de fin de año.
Paralelamente, Valenziana ajustó su estrategia comercial, trabajando caso por caso con sus 52 puntos de venta, cerrando y relocalizando algunos locales debido al alza de alquileres. También profundizó su presencia digital y ofrece herramientas de financiamiento, como planes de hasta 24 cuotas, para sostener la demanda.
Una decisión central de la compañía es no despedir empleados, a pesar de que, según Díaz, en el contexto actual «para cualquier pyme, la mitad del personal podría sobrar». El gerente destaca el rol social de la empresa en una comunidad donde empleados, vecinos y familiares se entremezclan.
«No hay posibilidad de decir ‘dejamos de producir y nos convertimos en importadores’. Gran parte de nuestro trabajo es social», afirmó Díaz, quien reconoce el esfuerzo que implica mantener la estructura, pero no contempla un repliegue.
