La Ciudad de Buenos Aires sumará contenidos de IA en escuelas primarias y secundarias desde el próximo año. La medida genera debates entre especialistas sobre el alcance y la forma de implementación.
El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció el mes pasado la incorporación de contenidos sobre inteligencia artificial (IA) a la currícula obligatoria de las escuelas primarias y secundarias a partir del año próximo. Según las autoridades, el objetivo es que los estudiantes aprendan a usar la herramienta de manera crítica y responsable. El jefe de Gobierno, Jorge Macri, expresó su orgullo por ser pioneros en la región con esta iniciativa.
Contexto internacional
En otros países se observan enfoques disímiles. En Noruega, el gobierno limitó el uso de IA en las aulas tras registrar una baja en el rendimiento escolar. El primer ministro Jonas Gahr Stoere afirmó que la IA aumenta el riesgo de que los niños pequeños omitan etapas importantes en su educación y sostuvo que lo esencial es que aprendan a leer, escribir y hacer matemáticas. En Dinamarca, la Agencia Nacional de Educación y Calidad publicó recomendaciones para el uso de IA generativa y promueve estrategias tradicionales como la exposición oral de trabajos. En Estados Unidos, el distrito de Los Ángeles prohibió el uso de IA en todos los niveles, mientras que Nueva York restringe su uso hasta octavo grado.
Implementación en la Ciudad
El plan oficial establece que los alumnos de 1° a 3° grado no tendrán contacto directo con herramientas de IA, pero podrán reconocer sus usos y riesgos. De 4° a 7° grado realizarán una exploración guiada y supervisada. En secundaria, los estudiantes usarán IA para crear, investigar y resolver problemas con autonomía. Además, el gobierno ya habilitó la formación docente en IA: según datos oficiales, más de 42.000 docentes realizaron cursos virtuales autoasistidos, voluntarios y con puntaje. También se ofrecen cursos con certificación internacional.
Voces de especialistas
Carolina Duek, investigadora del Conicet y doctora en Ciencias Sociales, señaló que los anuncios de este tipo pueden invisibilizar el trabajo docente y el tiempo disponible para la formación. Cuestionó si la inclusión de IA debe ser como herramienta o como tema de análisis crítico. Mariana Ferrarelli, directora de Estrategia de IA en Educación en la UdeSA y miembro de LAIA, se preguntó qué tipo de IA se enseñará y advirtió sobre el riesgo de reducirla a chatbots. Propuso desarmar la tecnología y entender su funcionamiento, así como revisar los acuerdos con empresas proveedoras.
Santiago Stura, coordinador de la ONG Faro Digital, planteó si la eficiencia y la aceleración productiva, valores asociados a la IA, son deseables en los procesos educativos. Micaela Mantegna, abogada especializada en ética de la IA, cuestionó el tono de inevitabilidad y subrayó que la IA no es neutra ni infalible, y que su diseño responde a intereses comerciales. Advirtió sobre la delegación cognitiva y el rol de la IA como intermediario epistémico.
Melina Masnatta, especialista en tecnología educativa, mencionó una experiencia en Chubut donde los docentes priorizaron definir qué proteger de la enseñanza antes que elegir herramientas. Señaló que el riesgo real es la soledad docente y que la brecha entre uso masivo y criterio puede cerrarse o profundizarse según la política. Afirmó que la IA no es destino sino entorno, y que se necesita financiar horas de formación y acuerdos institucionales.
