El ministro de Economía aseguró que no habrá turbulencias cambiarias en 2027, pero analistas cuestionan la estrategia de acumulación de reservas y la emisión monetaria encubierta.
El debate sobre si el Gobierno realiza una emisión monetaria encubierta —conocida como «usar la maquinita»— regresó en el marco de la gestión de Javier Milei. El ministro de Economía, Toto Caputo, afirmó que no hay chances de que en 2027 se repita la turbulencia cambiaria de los meses previos a las elecciones legislativas del año pasado. «Esta vez, la economía se va a llevar puesta a la política», declaró Caputo, sugiriendo que la fortaleza del plan económico garantizará estabilidad financiera y allanará el camino hacia la reelección de Milei.
La afirmación de Caputo se basa en el elevado saldo de balanza comercial y la posibilidad de un superávit de cuenta corriente, lo que permitiría al Banco Central (BCRA) seguir comprando divisas. El ministro sostuvo que sigue de cerca la evolución de la demanda de dinero y que está dispuesto a «prender la aspiradora» ante cualquier duda sobre la presión de los pesos emitidos sobre los precios o el tipo de cambio.
En las licitaciones del Tesoro desde marzo, Caputo sacó de circulación un promedio de $3 billones por mes, cifra similar a la inyección monetaria del BCRA por compras de dólares. El Tesoro cuenta ahora con una liquidez de $13 billones en su cuenta, suficiente para comprarle al presidente del BCRA, Santiago Bausili, todos los dólares capturados mensualmente. En mayo, el BCRA compró u$s2.596 millones, acumulando u$s9.751 millones en el cuatrimestre. Caputo proyectó compras anuales de u$s18.000 millones, aunque no descartó alcanzar los u$s24.000 millones.
Sin embargo, el debate se centra en qué hacer con los pesos que el BCRA inyecta al comprar dólares. El Gobierno envió señales de que mantendrá una política monetaria contractiva, sacando pesos de circulación. Esto generó una controversia con el exministro Domingo Cavallo, quien afirmó que el Gobierno no debería temer comprar dólares, ya que los pesos restantes implicarían un aumento genuino de la demanda. Cavallo recomendó eliminar las restricciones del cepo cambiario para facilitar el movimiento de capitales y reducir el riesgo país.
Además, Cavallo advirtió que en 2027, por las elecciones presidenciales, podría producirse una masiva dolarización de carteras, y sugirió que sería mejor que ocurriera con un mercado cambiario libre. Caputo, en cambio, consideró que no están dadas las condiciones para desarmar el cepo. Sus críticos señalaron que sin el cepo, ni el dólar se mantendría en su nivel actual ni el Tesoro podría pagar tasas bajas para colocar bonos.
La crítica principal desde la City es que el Gobierno no compra dólares, sino que los «alquila», ya que la contracara de la compra de divisas es la acumulación de deuda en pesos, que capitaliza intereses y genera un potencial riesgo fiscal. El asesor Felipe «Halcón» Núñez argumentó que la política actual es opuesta a la del período macrista, destacando el superávit fiscal y la ausencia de déficit cuasi fiscal. El secretario de Finanzas, Federico Furiase, afirmó que hay una extensión del perfil de vencimientos de la deuda en moneda local y que el ratio de deuda a PBI se mantiene estable.
No obstante, los críticos sostienen que el PBI en dólares está «inflado» por el retraso cambiario, y que sin el cepo el Tesoro no podría extender la duración de la deuda ni colocar bonos a tasas menores a la inflación. Además, el debate sobre la política monetaria contractiva se centra en la medición del dinero: el Gobierno usa el M2 transaccional, mientras que los analistas críticos prefieren el M3, que suma plazos fijos y títulos de deuda pública. El M3 asciende a $175 billones, equivalentes a u$s121.000 millones. El analista Ricardo Inti Alpert calculó que la variación del M3 de mayo demandaría u$s5.000 millones, frente a un incremento de reservas del BCRA de u$s1.500 millones.
El debate incluye objeciones del Fondo Monetario Internacional sobre la metodología de Caputo para calcular el superávit fiscal, que no considera los intereses capitalizados de las LECAPs aún no pagados.
