Un informe del Banco Provincia revela la brecha entre sectores: mientras YPF y Pampa Energía duplican ventas, Arcor y Molinos sufren una caída del 12% en términos reales.
La economía argentina atraviesa una heterogeneidad profunda que genera una brecha abismal entre los distintos sectores. Los balances de las principales compañías que cotizan en Bolsa revelan dos realidades opuestas: mientras el sector energético crece con fuerza, el consumo masivo y la industria ligada al mercado interno luchan por mantener su estabilidad financiera.
Según datos públicos, el sector del petróleo y la energía logró más que duplicar sus ventas entre el promedio del bienio 2021-2023 y el año 2025. En contraste, gigantes del consumo masivo como Arcor y Molinos Río de la Plata, junto a firmas como Mastellone y Havanna, enfrentan una caída acumulada del 12% en sus ventas en términos reales en el mismo período.
Esta dualidad se explica por una combinación de factores que afectan al mercado interno: el derrumbe de la demanda de los consumidores, una apertura importadora que presiona sobre los precios y una apreciación cambiaria que reduce la competitividad de los sectores transables. Mientras tanto, YPF y Pampa Energía capitalizaron la maduración de proyectos en Vaca Muerta y la suba de tarifas locales medidas en dólares, sorteando incluso la caída de los precios internacionales del crudo.
Un informe de los técnicos del Banco Provincia, dirigidos por el economista Matías Rajnerman, detalla que la caída de las ventas no fue compensada por una baja de costos. El margen de rentabilidad de la economía no petrolera se desplomó del 18,5% al 11% entre 2023 y 2025, alcanzando mínimos desde la pandemia. Para el consumo masivo y los insumos difundidos (donde operan Aluar y Siderar), la rentabilidad actual se ubica en los niveles más bajos de la última década. En contraste, el promedio de YPF y Pampa pasó de una rentabilidad del 22,8% al 28,2%.
Uno de los datos más alarmantes para el sector que lideran Arcor y Molinos es el deterioro de sus hojas de balance. Ante la caída del flujo de fondos propios, estas empresas se vieron obligadas a aumentar su demanda de crédito para estabilizar la producción y cubrir gastos corrientes. El resultado es un salto preocupante en el ratio de deuda neta sobre EBITDA. La sostenibilidad del modelo para las empresas vinculadas al consumo interno está en jaque: si los flujos reales de caja no mejoran en el corto plazo por un rebote de la demanda, el endeudamiento que sirvió como aliciente en 2024 y 2025 podría transformarse en un aumento de la morosidad en 2026.
Hasta ahora, las tensiones se han moderado con más financiamiento bancario, pero como advierten los números, lo que estabilizó inicialmente la producción frente a una caída de ventas transitoria puede agravar el resultado final si el deterioro del mercado interno se vuelve permanente.
