La cadena gastronómica avanza con la construcción de un centro productivo y logístico que multiplicará su capacidad de producción y permitirá lanzar una línea de milanesas congeladas.
El Club de la Milanesa avanza con una inversión de casi u$s4 millones para construir una planta en Tigre y ampliar su capacidad de producción. La obra entra en su tramo final y la inauguración está prevista para junio de 2026. Desde allí, empezará a producir una línea de milanesas congeladas para vender por fuera de sus locales.
El predio está ubicado sobre la colectora Panamericana, a la altura del kilómetro 197, y funcionará como centro productivo y logístico. “Va a tener diez veces la capacidad productiva y veinte veces la capacidad de almacenamiento”, explicó Federico Sala, fundador de El Club de la Milanesa. Hoy produce unas 400.000 milanesas por mes. Con la nueva planta, la capacidad llegará a 5 millones mensuales. “No quiere decir que las produzcamos todas desde el inicio, pero tenemos un techo de crecimiento”, señaló.
En una primera etapa, la línea de congelados se comercializará a través del e-commerce propio y plataformas como PedidosYa. El ingreso a supermercados quedará para una segunda instancia. La nueva línea de congelados surge tras la incorporación de Lionel Messi como socio de la marca, anunciada en julio de 2025. El futbolista se sumó en una etapa en la que la compañía buscaba crecer fuera de la Argentina.
La cadena tiene presencia en la Argentina, Uruguay y Estados Unidos, y prevé seguir creciendo en la región, con nuevos desarrollos en Chile y Paraguay. En paralelo, analiza su desembarco en Europa, con España como primer destino. En Estados Unidos, la operación funciona con otro esquema. Según explicó Sala, como la empresa no puede exportar milanesas desde la Argentina por restricciones sanitarias, envía la carne al vacío y completa la elaboración en destino. Allí ya tiene presencia en Miami y sumó un local dentro del estadio del Inter Miami.
Como parte de este cambio, la empresa cerró una alianza con McCain para apalancar la distribución. El acuerdo le permite utilizar su red para llegar a autoservicios y comercios de cercanía, y sumar otros canales de venta. Según estimaciones internas, en la Argentina se consumen unas 300 millones de milanesas por mes. Con la nueva planta en funcionamiento, podrá producir cerca de 5 millones mensuales, lo que equivale a alrededor del 1,5% de esa demanda.
La inversión incluye equipamiento importado de China, Alemania y Estados Unidos, además de desarrollos locales, con el objetivo de sostener mayores volúmenes de producción. A la par, la planta incorporará un esquema de operación con menor impacto ambiental. En los últimos años, la compañía avanzó con cambios en sus locales y en el delivery para reducir el uso de plástico.
La inversión se da en un momento más exigente para la gastronomía. “Hay una caída grande del consumo y un down trading. La gente está queriendo consumir productos más alcanzables”, explicó Sala. En ese escenario, la marca ajustó su propuesta. Incorporó opciones más chicas y más accesibles para sostener la demanda. “Estamos sacando líneas 30% más baratas”, señaló. Una de ellas es “La Justa”, pensada con porciones más reducidas y precios más bajos.
El delivery, en cambio, muestra una dinámica distinta. Mientras el consumo en salón cae, ese canal sigue creciendo. La empresa avanza con la apertura de locales dedicados exclusivamente a esa modalidad, con menor inversión inicial y llegada a nuevas plazas del interior. En los últimos meses, ese formato le permitió llegar a ciudades donde antes no operaba. Según Sala, ya abrieron puntos en Chubut, Neuquén y Río Gallegos, entre otros destinos.
Hoy la red suma unos 75 puntos de venta entre la Argentina, Uruguay y Estados Unidos. De ese total, 11 son propios y el resto opera bajo franquicias. En conjunto, emplea a unas 1.500 personas, entre operación directa y cadena de franquiciados. “La planta no es lo que más empleo genera. El impacto está en los locales. Cada apertura suma alrededor de 20 puestos de trabajo”, explicó Sala.
El origen de la marca se remonta a 2006, cuando Sala, Santiago Magliano y Celina “Kitty” Rosso empezaron con un pequeño emprendimiento de delivery en zona norte. La idea era vender milanesas con identidad propia, en un mercado donde el plato estaba presente en bares, bodegones y restaurantes, pero no tenía una cadena especializada. Con el tiempo, el modelo se expandió a través de franquicias y ganó presencia en distintas ciudades del país.
