El caso Koldo, la derrota en Galicia y la ley de amnistía generan incertidumbre en el PSOE sobre el futuro de la legislatura.
Esta ha sido una de las semanas más complejas para el gobierno de Pedro Sánchez, comparable a su renuncia como diputado en 2018 o la derrota electoral de mayo del año pasado. Sin embargo, la diferencia radica en que antes el líder socialista podía manejar la agenda, mientras que el caso Koldo ha evidenciado una pérdida de control sobre los temas de discusión, los tiempos y los tonos del debate.
Los intentos de vincular a Feijóo y Tellado, así como la revisión de casos de corrupción pasados, no han logrado contener la crisis. En el PSOE crece el temor a un efecto dominó que prolongue la situación. La trama Koldo, las posibles declaraciones de José Luis Ábalos y el fallo del Supremo contra Puigdemont complican el panorama y abren interrogantes sobre el futuro de la Legislatura.
“Sánchez es un líder, pero no alcanza. Para gobernar España se necesita territorio, astucia y saber qué tocar para que todo no explote”, señala una fuente cercana a la interna del Partido Socialista. La combinación de factores en febrero ha sido contundente: la derrota en Galicia, el declive territorial, la ley de amnistía cuestionada y la aparición de una trama corrupta.
El presidente sigue en el gobierno gracias a su audacia y pragmatismo, pero su estilo de construcción de poder, basado en lealtades y sin figuras incómodas, no incluye dirigentes competitivos en comunidades donde el PSOE pierde peso ni funcionarios que eviten irregularidades. El desafío de todo liderazgo es conducir más allá de lo que alcancen las manos; de lo contrario, se trata de personalismo. El partido espera la próxima jugada de Sánchez para salir del laberinto.
