El gobierno japonés aprobó nuevas medidas para gestionar el impacto del turismo en sus ciudades más icónicas, buscando proteger la calidad de vida de los residentes sin reducir la llegada de visitantes.
Japón, un destino que ha ganado popularidad entre los viajeros argentinos en los últimos años, ha decidido implementar un nuevo plan estratégico para gestionar el impacto del turismo masivo. Tras registrar un récord de 42,7 millones de visitantes en 2025, el gabinete de la primera ministra Sanae Takaichi aprobó medidas que buscan proteger la calidad de vida de los residentes frente a las aglomeraciones en puntos icónicos del archipiélago.
El Ministerio de Turismo de Japón detalló que el objetivo para el período 2026-2030 es «equilibrar» la industria del ocio con el bienestar local. Para ello, las autoridades aumentarán de 47 a 100 el número de zonas protegidas donde se aplicarán medidas basadas en la opinión de los vecinos.
Aunque Japón considera al turismo como su segunda mayor exportación, solo detrás de los automóviles, el Gobierno reconoce que la concentración de gente está afectando la convivencia en ciudades como Kioto y Tokio. «Impulsaremos políticas que mejoren la satisfacción tanto de los residentes locales como de los turistas», indica el comunicado oficial.
El plan no busca reducir el ingreso de divisas, sino diversificar la oferta hacia zonas rurales menos conocidas y atraer a un perfil de viajero con mayor capacidad de gasto, proveniente de mercados como América, Europa y Australia. Las herramientas técnicas y normativas incluidas cambiarán la experiencia de los turistas a partir de la próxima temporada.
A pesar de estas restricciones, Japón no renuncia a su meta de crecimiento a largo plazo. El país aspira a recibir 60 millones de visitantes anuales para 2030, lo que implicaría un aumento considerable. Para lograrlo, el plan apuesta por incrementar el gasto per cápita de cada turista y fomentar el regreso de quienes ya conocen el país, con una meta de 40 millones de «reincidentes».
Con una previsión de ingresos por 15 billones de yenes para el final de la década, Japón se encamina a una transformación: pasar de ser un destino masivo a uno de alta gama y con una distribución territorial equilibrada.
