En diálogo con LA NACION, la actriz habló de su regreso a la ficción con Amar otra vez, del duelo, los vínculos que marcaron su vida y su nueva manera de entender las relaciones amorosas.
A Valerie Bertinelli la televisión la acompaña prácticamente desde que era una adolescente. Tenía apenas 15 años cuando se convirtió en Barbara Cooper en One Day at a Time, la sitcom que la instaló en la pantalla estadounidense en 1975. Décadas más tarde volvió a encontrar el éxito masivo con la serie Hot in Cleveland, donde compartió elenco con Betty White, Jane Leeves y Wendie Malick. En el medio hubo películas, otras series, libros y una segunda vida profesional vinculada con la cocina. Este año publicó sus nuevas memorias, Getting Naked: The Quiet Work of Becoming Perfectly Imperfect, lanzó su propia plataforma, Valerie’s Place, y continúa como columnista en el programa The Drew Barrymore Show.
Ahora, a los 66 años y después de más de una década alejada de los personajes de ficción, Bertinelli decidió volver a actuar. Lo hizo con Amar otra vez, la película de Lifetime que se estrenó hace apenas unos días y que aborda el alzheimer desde un lugar íntimo: el de una pareja que debe aprender qué ocurre con el amor cuando los recuerdos empiezan a desaparecer.
Bertinelli interpreta a Caroline Stanford, una mujer que lleva casi tres décadas junto a Henry, un juez interpretado por Henry Czerny. La vida que ambos construyeron comienza a transformarse cuando él es diagnosticado con Alzheimer y Caroline pasa a convertirse en su principal cuidadora. En medio del duelo aparece Leo, el personaje de Eric McCormack, un viudo que conoce de cerca el dolor de acompañar la enfermedad de alguien amado y termina convirtiéndose en un inesperado refugio para ella. La película fue escrita por Nancey Silvers y dirigida por David Strasser.
En diálogo con LA NACION, Bertinelli habló de su nuevo proyecto actoral, del duelo que atravesó y de cómo la historia de Caroline terminó resonando con su vida. También reveló qué relación la obligó a replantearse el amor, por qué hoy desconfía de las “mariposas”, cómo logró hacer las paces con su cuerpo y qué quiere hacer después de más de medio siglo de carrera.
“A veces está bien dejar que tu vida se derrumbe”
—Amar otra vez marca tu regreso a la actuación después de más de diez años. ¿Qué encontraste en Caroline y en esta historia que te hizo pensar que era el proyecto con el que querías volver?
—Fue el guion. Nancey escribió un guion hermoso que se sentía muy real; tenía humor. Lloré mientras lo leía y también me reí. Me encantaron las relaciones entre los personajes. Sentí que había papeles muy sólidos para distintos actores. Me encantaron los dos personajes masculinos y creo que Henry y Eric hicieron trabajos hermosos. Es un tema muy delicado y creo que fue tratado de una manera preciosa. Nuestro director también estuvo maravilloso.
—Dijiste que hacer esta película fue una experiencia muy emocional e incluso terapéutica. ¿Cuánto de tus propias experiencias llevaste a Caroline?
—Muchísimo. No necesariamente en relación con el Alzheimer, sino con las dinámicas familiares, con sentir que decepcionás a tus hijos o intentar hacer lo mejor posible por las personas que amás. Con no saber qué hacer con todo ese amor que tenés en el corazón y con lo complicado que puede ser amar. Y el duelo… Dios mío. Para mí tuvo que ver, principalmente, con la experiencia humana y con el duelo que yo pude atravesar y que todavía siento todos los días, y con cómo uno aprende a adaptarse a él. Lamentablemente es algo que todos experimentamos en algún momento. Yo pude tomar mi propio dolor y llevarlo a este personaje.
—En Getting Naked contás que pasaste muchos años intentando ser “la chica buena”, mantener felices a todos y sostenerlo todo. Caroline hace algo parecido durante gran parte de la película. ¿Te reconociste en ella?
—Muchísimo. Esa necesidad de intentar que todo esté bien cuando no lo está, de mantener las cosas lo más normales posible cuando nada es normal. Creo que a veces está bien dejar que tu vida se derrumbe. Yo no lo entendí hasta que llegué a mis 60 y me di cuenta de que sí, a veces las cosas se van a desmoronar y no tenés que fingir que todo está bien cuando no lo está.
“Ahora sé exactamente lo que no quiero”
La vida amorosa de Bertinelli estuvo atravesada por vínculos que marcaron distintas etapas de su vida. Entre 1981 y 2007 estuvo casada con Eddie Van Halen, el célebre guitarrista, con quien tuvo a su único hijo, Wolfgang. Más tarde se casó con Tom Vitale, de quien se divorció en 2022, y luego atravesó otras relaciones difíciles que, según contó, la obligaron a revisar sus límites y su manera de entender el amor.
—Dijiste recientemente que si volvés a enamorarte no querés sentir “mariposas”, sino calma y seguridad emocional. Después de dos matrimonios y de todo lo que viviste, ¿cómo cambió tu definición del amor?
—El amor es confianza y sentirse segura. Y cuando digo segura, no me refiero solamente a lo físico, sino a sentirse emocionalmente segura. Hace algunos años pasé por un momento muy difícil y dejé entrar en mi vida a alguien a quien nunca debería haber dejado entrar. Esa situación tuvo repercusiones en muchas otras relaciones de mi vida. Y aunque intento no sentir arrepentimiento, prefiero ir hacia la gratitud. Estoy agradecida de haber atravesado algo tan difícil, incómodo y desafiante porque ahora sé exactamente lo que no quiero.
Ese aprendizaje también modificó la manera en la que Bertinelli interpreta ciertas sensaciones que durante años había asociado con el enamoramiento. “Creo que las mariposas se parecen demasiado a la obsesión romántica. Es cuando recibís ese ´bombardeo de amor´ y no es real; la relación y la intimidad no son reales y pueden ser utilizadas en tu contra».
—¿Esto cambió tu mirada sobre tus relaciones anteriores?
—Sí, me hubiera gustado abrir los ojos antes. Pero tampoco voy a arrepentirme porque creo que necesitaba atravesar todo lo que atravesé para poder apreciar mi primer matrimonio con Eddie y el amor genuino que tuvimos, y después poder ver que las relaciones que tuve desde entonces no eran amor verdadero. Era yo persiguiendo algo que parecía seguro y que nunca lo fue.
—¿Y hoy cómo te sentís?
—Ahora me siento segura conmigo misma, con mis gatos, con mi perra. Y si alguna vez vuelve a aparecer el amor íntimo en mi vida, esta vez sé cómo mantener los ojos abiertos.
Aprender a disfrutar sin ser “la mejor”
—En tu vida la cocina abrió un capítulo profesional completamente diferente. ¿Qué te genera cocinar que quizá actuar no?
—Son dos formas de arte diferentes. En una podés crear algo hermoso y después comértelo; en la otra podés crear algo hermoso, compartirlo con otras personas y hacer que sientan una emoción que vos estabas atravesando. Aunque con la comida también compartís algo con los demás y los tocás de otra manera.
Para Bertinelli, detrás de ambos oficios existe una misma necesidad. “Creo que los seres humanos necesitamos arte en nuestra vida. Y realmente aliento a todo el mundo a dejar de decirse que no es bueno para algo. No tenés que ser bueno en algo para disfrutarlo. Podés amar cocinar sin ser un chef con estrellas Michelin o disfrutar de actuar sin ser Meryl Streep. Hay que hacer algo que libere la mente porque, por más hermosa que sea, la vida también puede ponerse muy difícil”.
Esa misma idea de dejar atrás exigencias imposibles atraviesa Getting Naked: The Quiet Work of Becoming Perfectly Imperfect, las memorias que publicó este año y en las que habla, entre otros temas, de su histórica relación con la imagen corporal.
—Dijiste que pasaste demasiados años odiando tu cuerpo sin ninguna razón. ¿Qué cambió para que finalmente pudieras mirarlo con gratitud en lugar de criticarlo?
—Dejé de tener el cuerpo perfecto y aun así empecé a amarlo. De hecho, lo amo más que cuando tenía lo que podría considerarse un cuerpo perfecto a los 20. Pero a los 20 ni siquiera creía que lo tenía. Ahora miro mi cuerpo de aquella época y pienso: “¿Qué estaba pensando? ¿Por qué era tan mala conmigo misma?”. Tenía un cuerpo hermoso; en cambio, ahora tiene cosas caídas. Tengo 66 años. Pero ¿sabés qué? Amo mi cuerpo porque me trajo hasta acá. Me despierta a la mañana. Mis brazos me permiten cepillarme los dientes, acariciar a mis animales. Ojalá pudiera regalarle esto a cada persona joven: amen el cuerpo que tienen. No saben cómo va a cambiar. Su cuerpo es perfecto, punto. No importa cómo sean los cuerpos de los demás. Tu cuerpo es perfecto para vos y para lo que necesitás.
“Me gustaría actuar más”
—¿Sentís que envejecer finalmente te dio la libertad de manejar tu carrera de otra manera?
—Definitivamente hay muchos menos proyectos a esta edad y eso es una pena porque hay muchísimos baby boomers y creo que todavía tenemos historias interesantes para contar. Pero tampoco me voy a quejar porque tengo una vida plena y amo mi vida. Me encantaría actuar más. Me llena mucho más de lo que alguna vez imaginé.
—¿Cómo te llevás con las críticas actualmente?
—Ahora me gusto más. Y cuando nos gustamos a nosotros mismos y disfrutamos de nuestra propia compañía, las personas a las que no les gustamos dejan de importar.
Bertinelli enumera entonces aquello sobre lo que sí prefiere poner la mirada: su familia, su hijo Wolfgang, su nuera y las amigas que conserva desde hace más de tres décadas: “Disfrutamos de estar juntos. Entonces, ¿por qué me importaría que a alguien no le guste estar conmigo? ¿Por qué dedicaría mi tiempo a concentrarme en algo negativo cuando tengo tantas cosas en mi vida por las cuales estar agradecida?»
El próximo capítulo
—Después de más de 50 años en esta industria, ¿todavía hay algo que quieras hacer profesionalmente?
—Quiero volver a hacer una comedia. Me encantaría. O también me gustaría hacer una serie de misterio. Simplemente me gustaría actuar más. Es divertido.
—Y por último, ¿qué le dirías hoy a la Valerie más joven?
—Le diría que se relaje. Y: “No estás gorda. Dejá de pensar que estás gorda y cerrá la boca”. Punto.
Más de medio siglo después de aquella adolescente de One Day at a Time, Bertinelli ya no parece interesada en cumplir con ideales ajenos. A los 66 quiere volver a actuar, asegura que todavía tiene historias que contar y dice haber encontrado algo que durante años buscó en los demás: sentirse segura consigo misma.
