viernes, 28 agosto, 2026

Los alimentos recobran relevancia estratégica en el comercio mundial

El comercio internacional de alimentos experimenta cambios por la competencia entre Estados Unidos y China, los conflictos en Europa y Medio Oriente y el debilitamiento del multilateralismo. Argentina posee recursos naturales y capacidad productiva que podrían posicionarla como proveedor confiable, según un análisis sectorial.

El comercio internacional de alimentos atraviesa una transformación debido a la competencia entre Estados Unidos y China, los conflictos en Europa y Medio Oriente, el debilitamiento del multilateralismo y el uso creciente del comercio, la tecnología y las cadenas de abastecimiento como instrumentos de poder. Este escenario configura un contexto internacional diferente al de décadas anteriores.

Los alimentos recuperan una dimensión estratégica que había quedado parcialmente disimulada durante la expansión de la globalización. Energía, minerales críticos, semiconductores y tecnologías digitales son considerados recursos estratégicos; los alimentos también lo son. La producción agropecuaria depende de tierra y agua, recursos distribuidos de manera desigual entre los países. La tecnología puede compensar parcialmente esas diferencias mediante riego, fertilización, genética y sistemas productivos, pero no puede eliminarlas.

El comercio internacional de alimentos seguirá siendo indispensable para una parte importante del mundo que necesita importar para alimentar a su población. Cuanto más incierto sea el escenario internacional, mayor será la preocupación de esos países por asegurar el abastecimiento.

El nuevo contexto podría impulsar políticas de mayor autoabastecimiento y proteccionismo agrícola. Sin embargo, muchos países no disponen de los recursos naturales necesarios para producir todo lo que consumen. La seguridad alimentaria dependerá de la producción local y de contar con proveedores externos confiables. Ese cambio podría modificar el valor estratégico de países como Argentina.

Argentina posee recursos naturales abundantes, capacidad tecnológica, empresarios y productores innovadores, una estructura productiva flexible y experiencia exportadora. Además, está ubicada en una región relativamente alejada de los principales escenarios de conflicto internacional y con acceso al Atlántico Sur. Disponer de esas ventajas no garantiza aprovecharlas.

La agricultura argentina experimentó en las últimas décadas una transformación con la incorporación de tecnología, siembra directa, biotecnología y desarrollo de redes empresariales integradas por productores, contratistas, proveedores de insumos y servicios. Esa plataforma sigue siendo una fortaleza, pero podría no ser suficiente para producir un salto comparable al del pasado. El nuevo escenario exige una segunda transformación.

La primera prioridad es colocar la productividad en el centro de la estrategia económica. Eso supone acelerar la incorporación de biotecnología, agricultura digital, inteligencia artificial y nuevas tecnologías productivas, y reconstruir las capacidades científicas y tecnológicas para generar y adaptar esas innovaciones.

La segunda es la infraestructura. Ferrocarriles insuficientes, rutas deterioradas, problemas recurrentes en la Hidrovía, deficiencias energéticas en amplias zonas del interior y brechas de conectividad digital limitan la posibilidad de convertirse en un proveedor estratégico mundial. En la agricultura, una buena red de datos puede ser tan importante como un buen camino.

La tercera transformación es avanzar hacia la agroindustrialización. Exportar alimentos diferenciados, ingredientes, carnes, bioenergías, biomateriales y otros productos de mayor elaboración permite capturar más valor, generar empleo en el interior y construir relaciones comerciales más estables. La agroindustrialización puede convertirse en un instrumento de desarrollo territorial.

El MERCOSUR constituye una de las principales plataformas exportadoras netas de alimentos del planeta. Sin embargo, funciona menos como una plataforma agroindustrial integrada de lo que permitirían sus recursos y capacidades. Armonizar normas sanitarias, estándares de calidad, infraestructura y cadenas productivas permitiría negociar desde una posición más fuerte.

El mundo que emerge será probablemente menos previsible, más competitivo y más conflictivo. En ese escenario, los alimentos dejarán de ser solamente mercancías para convertirse en componentes de la seguridad económica y política de los países.

Para Argentina, esto plantea una decisión estratégica: continuar discutiendo la agricultura como fuente de recursos fiscales y divisas, o verla como uno de los principales activos geopolíticos del país. La diferencia implica políticas distintas.

Argentina tiene recursos naturales, conocimiento, empresas, productores y capacidad exportadora para convertirse en un proveedor confiable y estratégico de alimentos y productos agroindustriales. Hacerlo requerirá productividad, tecnología, infraestructura, agroindustrialización y una política comercial más sofisticada.

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