Un director de un banco internacional completó una gira por Europa, Estados Unidos y África, reuniéndose con 45 fondos de inversión que analizan el rumbo económico argentino y su impacto en las elecciones presidenciales de 2027.
Una escena sintetiza cómo está leyendo el proceso argentino en el exterior. Un reconocido director de un banco internacional completó una gira por Europa, Estados Unidos y un par de países de África, donde mantuvo reuniones con 45 fondos de inversión para explicarles el momento económico y político que atraviesa la Argentina de Javier Milei.
La conclusión con la que regresó fue que el interés por el país volvió a crecer y los administradores de fondos están dispuestos a aumentar sus apuestas sobre los activos argentinos. Esa apuesta podría presionar a la baja al riesgo país, que cerró la semana cerca de los 410 puntos.
Se trata, sobre todo, de colocaciones financieras, con una condición: que Milei logre consolidar el rumbo económico hasta las elecciones presidenciales de 2027, para lograr la reelección y darle continuidad al actual modelo económico de orden fiscal y relación amigable con el mercado financiero.
Para esos inversores, la variable política es inseparable de la económica. El diagnóstico predominante es que, si el Gobierno consigue derrotar definitivamente a la inflación y la economía logra ingresar en una etapa de crecimiento sostenido, el Presidente tiene elevadas posibilidades de obtener la reelección.
Esa lectura coincide con la estrategia que Milei explicitó en la medianoche del 9 de Julio desde Tucumán, donde lanzó lo que llamó la ‘nueva etapa’ de su gestión y dejó en claro las prioridades.
El objetivo central de Milei es destruir la inflación de cara a las elecciones de 2027. De lograrlo, sería el caballito de batalla de su campaña electoral. En la Casa Rosada consideran que allí se juega buena parte del futuro político del oficialismo.
La convicción de Milei es que una inflación que empiece con ‘1’ este año y con ‘0’ durante buena parte de 2027 constituye el principal activo electoral para buscar un segundo mandato, aun cuando ese mandato choque con la posibilidad de que la actividad económica levante. Milei considera que el electorado premiará el ordenamiento cambiario y la baja de la inflación, dos variables que el último gobierno peronista no pudo ‘domar’.
Ese doble objetivo explica las decisiones económicas del Gobierno. La primera consiste en sostener un dólar sin sobresaltos. Cualquier episodio de volatilidad cambiaria se trasladaría a los precios, poniendo en riesgo el principal capital político del Presidente. Por eso, además del compromiso con el superávit fiscal, el Banco Central continúa fortaleciendo su posición financiera, acumulando reservas para construir un ‘escudo’ que permita enfrentar turbulencias durante el año electoral. En el mercado descuentan que, si fuera necesario, esa mayor capacidad financiera podría utilizarse para intervenir sobre el mercado cambiario y evitar movimientos bruscos del dólar durante la campaña.
El plan también apuesta a que continúe ingresando un flujo importante de divisas provenientes de la minería, el petróleo, el agro y nuevas inversiones financieras atraídas por la estabilización macroeconómica y la reducción del riesgo país. Los dólares del superávit comercial, los recientes acuerdos con bancos internacionales y los ingresos por privatizaciones y colocaciones de deuda conforman un esquema destinado a reducir la incertidumbre cambiaria de cara a 2027.
Ese fue uno de los aspectos que más interés despertó entre los grandes administradores de fondos durante las reuniones. La pregunta ya no pasa tanto por si Argentina podrá estabilizar la economía, sino por cuánto tiempo podrá sostener ese proceso y cuál será el escenario político una vez que se acerquen las elecciones. La respuesta que predomina entre esos inversores resulta favorable para el Gobierno: observan una oposición fragmentada y un peronismo que no logra construir una alternativa competitiva. Bajo ese escenario, consideran que Milei llega con ventajas para buscar la reelección, siempre y cuando la inflación continúe descendiendo.
La estrategia también tiene costos. Mientras las variables financieras muestran una mejora, buena parte de la economía real continúa dibujando un ‘serrucho’, con caídas en la industria y estancamiento en el comercio. Los sectores más intensivos en empleo, como el comercio y la industria, operan en niveles históricamente bajos. La construcción, en cambio, empieza a mostrar signos de estabilización después de una de las caídas más profundas desde el inicio de la gestión libertaria. El consumo todavía no logra despegar con fuerza y la evolución de los ingresos de las familias continúa siendo una de las principales incógnitas. Milei parece haber elegido deliberadamente sus prioridades: prefiere resignar velocidad en la recuperación de algunos sectores antes que poner en riesgo el proceso de desinflación.
