Agustina D’Apolito, nieta de Salvatore Guarracino, cofundador de Freddo, abrió en 2016 un restaurante en Miami que factura 3 millones de dólares anuales. Ahora inicia un plan de expansión con franquicias boutique.
Agustina D’Apolito llegó a Estados Unidos en 2016 con 27 años, una visa de inversora, 150.000 dólares y las recetas originales de su abuelo, Salvatore Guarracino, uno de los fundadores de la cadena de heladerías Freddo. Con ese capital montó Tatore, un restaurante de cocina italo argentina que hoy factura 3 millones de dólares anuales, el 80% de sus clientes son argentinos que visitan o viven en Miami y está listo para dar su gran salto con franquicias.
El primer local de Tatore estaba al lado de un lavadero de autos. “Ni la locación era premium”, recordó D’Apolito en diálogo con iProfesional. Encontró un nicho en una ciudad que todavía no tenía la enorme oferta argentina actual. Tatore comenzó a convertirse en un refugio para quienes extrañaban los sabores de Buenos Aires.
Economista de formación, con pasos por multinacionales como Coca-Cola y maestrías en marketing y finanzas, D’Apolito se anotó en la carrera de chef pastelera. La visa de inversora le permitió instalarse en Miami y adquirir un pequeño fondo de comercio que se convertiría en el punto de partida de Tatore.
Desde el primer día, Tatore apostó por lo casero. Pasta hecha en el local, salsas de tomate, helados artesanales con recetas de su abuelo —con almendras de Alemania, dulce de leche importado de Argentina, Sambayón con alcohol original de Italia— y una carta que incluye milanesa napolitana, polenta, fainá y ñoquis del 29. “Lo que queremos replicar es lo que te cocinaría tu abuela en tu casa”, resumió.
D’Apolito sostuvo que el diferencial estuvo en la experiencia. “Más que vender comida, buscamos generar comunidad. La gente viene a encontrarse, a sentirse en familia, a recordar sabores y momentos”, afirmó.
El nombre del restaurante surge del apodo de su abuelo, “Tatore”. De él heredó recetas y conocimientos técnicos. “De chicos nos enseñaron a trabajar. Estábamos en la fábrica aprendiendo y viendo cómo se hacían las cosas”, explicó.
Durante años rechazó propuestas de expansión. “Queríamos crecer, pero sin perder nuestra esencia. Por eso tardamos tanto en decidirnos”, explicó. La respuesta llegó a través de un modelo de franquicias boutique. “Tienen que saber que uno viene a trabajar y no a la playa”, advirtió.
La primera franquicia abrirá en Miami Beach, en el 7141 Collins Avenue. La segunda se inaugurará en Hollywood dentro de aproximadamente dos meses. La compañía analiza nuevas ubicaciones en el sur de Florida y recibe consultas de otros estados como Colorado.
La inversión inicial arranca en 150.000 dólares para un formato de heladería y café, y puede llegar a 500.000 dólares para un restaurante completo. La recuperación estimada ronda el año y medio en los locales más chicos y dos años en los más grandes. La facturación mensual puede ir de 50.000 a 250.000 dólares dependiendo del tamaño. La producción de helados corre por cuenta de la casa central.
Muchos potenciales franquiciados son argentinos interesados en radicarse en Estados Unidos mediante una visa de inversor. “Nosotros pasamos por ese proceso y entendemos perfectamente lo que implica. Queremos acompañarlos también desde ese lugar”, aseguró.
Respecto a la Argentina, D’Apolito anticipó: “Yo calculo que primero abro cuatro o cinco acá en Miami, uno o dos estados más, y después el próximo desembarco ya creo que va a ser en Argentina”. El objetivo es estar en el país en un plazo de uno a dos años.
