El economista Ricardo Arriazu, referente para el presidente Javier Milei, expuso en la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) un diagnóstico sobre el futuro económico argentino, en el que destacó la oportunidad de volver a los mercados internacionales de deuda y señaló que la apreciación cambiaria será una consecuencia natural del crecimiento.
Ricardo Arriazu, economista de referencia para el presidente Javier Milei, participó en la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) realizada en el predio de Palermo, donde expuso su análisis sobre la situación económica del país. Arriazu afirmó que el gobierno debería volver a los mercados internacionales de deuda: “Yo ya habría ido”, declaró, en disonancia con la postura del Ministerio de Economía.
“Si la Argentina tiene éxito, va a ser cara”, sostuvo Arriazu, quien explicó que la apreciación real del peso es una consecuencia natural del crecimiento y no un problema a evitar. El economista enumeró factores que, según su lectura, generan una ventana de oportunidad única: “Los planetas se alinearon”, aseguró ante los empresarios del sector.
Arriazu señaló que las tasas de interés internas cayeron en los últimos meses, aunque siguen siendo negativas en términos reales. Medidas en dólares, mantienen niveles positivos. Durante los primeros meses del año, la tasa fue excesivamente alta debido a la presión por la compra de divisas, pero esa dinámica comenzó a revertirse después de abril, cuando el Banco Central adoptó medidas para facilitar el descenso.
El economista destacó el acceso a garantías internacionales: “El gobierno logró garantías del Banco Mundial, del BID y posiblemente de la CAF”, lo que permitiría acceder a financiamiento bancario a tasas más bajas. Mientras tanto, empresas y provincias ya concretaron colocaciones récord de bonos y obligaciones negociables a tasas más bajas que las que consigue la Nación.
En cuanto a la confianza, Arriazu afirmó: “La gente tiene miedo porque fuimos estafadores seriales”. El riesgo país argentino sigue siendo el más elevado de la región. “No importa quién gane las elecciones sino qué piensa la gente que van a hacer después de las elecciones”, advirtió. También mencionó el apoyo estadounidense durante la corrida preelectoral, pero señaló que “la gente no le da ningún valor” por temor a un cambio de políticas.
Respecto a los factores externos, Arriazu indicó que el acuerdo con la Unión Europea fue aprobado por el Congreso argentino y está en proceso de ratificación en Europa. Propuso que “Argentina tiene que hacer un acuerdo de libre comercio con la India”, a la que describió como “la nueva locomotora”. Además, el conflicto en Medio Oriente generó una suba en el precio internacional del petróleo, lo que mejora las perspectivas para el sector energético argentino. Arriazu estimó que Argentina exportará 135 millones de barriles este año y alcanzará los 225 millones en 2027.
Arriazu identificó una paradoja: “De golpe, sobran divisas y falta demanda de mano de obra”. Los sectores que crecen son oferentes de divisas y poco demandantes de empleo (agricultura, minería y energía), mientras que los sectores que cayeron son demandantes de divisas y empleo (industria, construcción y comercio). La construcción, según Arriazu, va a crecer pero es demandante de divisas. El comercio también se convertirá en un importante demandante de divisas por la llegada de nuevas cadenas internacionales.
En relación al Banco Central, Arriazu indicó que cambió su política a principios de 2026 y lleva comprados u$s10.000 millones en lo que va del año, con reservas brutas que superan los u$s48.000 millones. Las compras de divisas por parte de individuos continúan a un ritmo menor que el año pasado.
Arriazu señaló que la eliminación de las crisis recurrentes de balanza de pagos podría duplicar la tasa de crecimiento de la economía argentina, pero requerirá inversiones masivas en infraestructura por un monto estimado de u$s550.000 millones. La consolidación de baja inflación favorecería el desarrollo de fondos de financiamiento de largo plazo y el crédito hipotecario, lo que reactivaría la construcción de viviendas.
