La comunidad autónoma que lidera Emiliano García-Page suma 33.000 nuevas hectáreas de regadío, en medio de advertencias científicas sobre el déficit hídrico y la desertificación en España.
Un informe del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea alertó sobre los impactos críticos de la crisis climática en el Mediterráneo, señalando a España como uno de los países más afectados. La sequía persistente y el calor extremo agravan el déficit hídrico, mientras la agricultura de regadío sigue expandiéndose.
Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España cuenta con más de 3,8 millones de hectáreas de regadío, un tercio del total europeo. En la última década se sumaron 600.000 hectáreas, un incremento del 14% entre 2010 y 2019. Castilla-La Mancha, gobernada por el socialista Emiliano García-Page, pasó de 353.801 hectáreas en 1996 a 582.767 en 2021, un crecimiento del 65%.
El gobierno regional anunció la ampliación de la convocatoria de ayudas al regadío con una inversión pública de 35 millones de euros, más otros 15 millones para cubrir todas las solicitudes. García-Page afirmó: «Nos planteamos tener cada vez más regadíos» y señaló que se «casi doblará» la partida inicial de 20 millones para incluir toda la demanda.
Organizaciones ecologistas critican la medida. Santiago Barajas, portavoz de Ecologistas en Acción, sostuvo: «El campo español se ha pasado de frenada con el regadío, no puede seguir creciendo, tiene que decrecer». Añadió que «el apoyo incondicional al aumento del regadío por parte de Page es irresponsable, pues llevará a una gran parte de la región al colapso hídrico».
El Gobierno nacional reconoce en su Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación que el regadío consume alrededor del 80% del agua disponible en un país con zonas de escasez. Expertos y científicos insisten en que la falta de agua es un problema estructural, no coyuntural, y que España debe reducir la superficie regada para ajustar la oferta a sus recursos hídricos.
