Estudios médicos destacan la conexión directa entre la ingesta adecuada de agua y el correcto funcionamiento cognitivo, incluyendo la concentración y la memoria.
Dolores de cabeza repentinos, lapsus de memoria momentáneos y dificultades para concentrarse son algunos de los síntomas que pueden estar relacionados con una hidratación insuficiente. La evidencia científica revela una conexión clara entre la falta de agua y un menor rendimiento cerebral.
Investigadores de Harvard Medical School destacan que la cantidad recomendada de agua diaria varía, generalmente entre cuatro y seis vasos, dependiendo de factores como la dieta, el clima y la actividad física de cada persona. No existe una recomendación única para todos.
Según la Fundación Aquae, una disminución de solo un 2% en el nivel de agua corporal puede provocar pérdida momentánea de memoria, problemas con cálculos básicos y dificultad para enfocar la vista. La institución advierte que el mecanismo de la sed es débil y a menudo se confunde con hambre.
«Cuando el cuerpo está deshidratado disminuye el suministro de sangre al cerebro, lo que puede afectar negativamente el rendimiento cognitivo», explica Matías Baldoncini, médico neurocirujano de la Universidad de Buenos Aires. Este efecto puede darse en personas de todas las edades.
Alejandro Andersson, médico neurólogo y director del Instituto de Neurología de Buenos Aires, agrega: «La sinapsis, las conexiones entre las neuronas y todo el tejido nervioso requieren de agua para funcionar adecuadamente. Cuando esa cantidad de líquido disminuye, aparece la dificultad para concentrarse, tomar decisiones y esto repercute en la memoria». Andersson también señala que la deshidratación impacta en el estado de ánimo, causando irritabilidad, ansiedad y fatiga mental.
Un estudio publicado en la revista Nutrients concluye que hidratarse con frecuencia mejora la salud cerebral y previene la somnolencia y la pérdida de memoria. Otra investigación de The American College of Sports Medicine, que utilizó escáneres para observar cambios en los órganos durante el ejercicio, respalda estos hallazgos.
