La cineasta argentina Lucrecia Martel estrena su primer largometraje documental, ‘Nuestra tierra’, tras catorce años de investigación. El proyecto nació durante la producción de ‘Zama’ y se centra en el caso del asesinato del cacique Javier Chocobar en 2009 y la lucha de la comunidad indígena Chuschagasta por la recuperación de sus tierras en Tucumán.
Un cine que desarma certezas
Lejos de ofrecer una reconstrucción lineal o transparente de los hechos, Martel construye una obra que pone en crisis los mecanismos tradicionales de representación. La película opera mediante un entramado de materiales de archivo, registros sonoros y decisiones formales que buscan generar una experiencia perceptiva antes que una explicación.
‘No se limita a registrar un caso, sino que propone una experiencia que desarma las certezas y obliga a repensar la relación entre percepción, verdad y narración’, explica la directora. El trabajo evita la ilusión de objetividad, introduciendo dudas allí donde el registro judicial parece ofrecer respuestas definitivas.
La percepción como campo de batalla
Martel traslada al género documental su singular enfoque sensorial, donde el sonido y la imagen funcionan como formas de pensamiento. ‘Estoy intentando explorar un cine-canción’, describe. ‘Es una película en la que el espectador se sienta en la butaca y lo llevamos a lugares hermosos, mientras escucha palabras hermosas, y de vez en cuando aterriza en un juicio que no parece real, parece actuado’.
Un contexto de colapso y esperanza
En diálogo con este medio, la directora de ‘La ciénaga’ y ‘La mujer sin cabeza’ reflexionó sobre el momento histórico que atraviesa la sociedad. ‘Definitivamente creo que asistimos al ocaso de un imperio, el norteamericano, y naturalmente su desvanecimiento coincide con el momento en que toda la humanidad comprende que el progreso que nos trajo hasta acá era un pasillo estrecho hacia el abismo’, afirmó.
Martel expresó una cautelosa esperanza: ‘Diría que estamos en el día anterior a decir basta señores. Así no, guerra no, masacrar pueblos no, arruinar el planeta no’. Esta perspectiva impregna el enfoque del documental, que busca reactivar la capacidad de reconocer injusticias naturalizadas.
El cine como antídoto contra la inmediatez
Frente a un panorama mediático dominado por gestos rápidos y posiciones inmediatas, la directora reivindica la potencia reflexiva del cine. ‘De lo barato, del grito y la estridencia, vamos a cansarnos’, señaló. ‘Es necesario que volvamos a la noche de los susurros, donde aparecen las mejores ideas’.
Para Martel, el cine conserva la ‘sinfónica capacidad de generar pensamientos mediante imágenes y sonidos’, ofreciendo un camino para volver a sensibilizarse frente a las injusticias. ‘Nuestra tierra’ constituye, en ese sentido, una apuesta formal y política que interroga los fundamentos de cómo se construye la memoria y se ejerce la justicia en Argentina.
