Comerciantes y compradores del polo textil de Flores reportan menos ventas, menor volumen de compra y un cambio en la composición de la oferta, con más indumentaria importada y menos producción nacional. Datos oficiales y sectoriales confirman la tendencia.
En la avenida Avellaneda, en el barrio de Flores, comerciantes y compradores señalaron en una recorrida periodística que disminuyó la afluencia de clientes que llegaban desde distintos puntos del conurbano, del interior del país y de otros países de la región para comprar mercadería por cantidad.
«Antes era mucho más frecuente, había más personas con valijas. Ahora vienen con lo justo, con lo que necesitan», declaró Isa, vendedora de 22 años de un local de indumentaria de la zona, con varios años de experiencia en comercios de Flores. Assadur Rahman, dueño desde hace 18 años de un local de tecnología en avenida Avellaneda y Terrada, afirmó: «La gente venía con valijas y ahora ya no. Antes venía gente de Latinoamérica, venía gente de Tigre. Ahora no vienen». Rahman agregó que «hace dos años vendía mucho más que en la actualidad».
Los comerciantes mencionaron la caída del consumo como una de las principales razones. También indicaron un aumento en el ingreso de ropa importada, una reducción de la producción nacional y ajustes en la cantidad de mercadería comprada, los precios y los márgenes.
Según el último Boletín Económico Sectorial de Fundación Pro Tejer, entre enero y agosto de 2026 ingresaron al país 36.683 toneladas de indumentaria importada, un 55% más que en el mismo período del año anterior, y un récord histórico. En dólares, el total fue de 553,7 millones, un 30% más interanual.
Sergio Davidov, empresario con 40 años en la industria textil, sostuvo: «Yo creo que la importación es una parte de lo que le pasa al sector, pero lo más importante es que cambió el bolsillo de la gente. Hoy la plata le alcanza para pagar servicios y comida, cosas básicas y esenciales. Por más que sea local o importado, si no sobra, no hay para ninguno de los dos».
Los compradores mayoristas también modificaron sus hábitos. Antonella, empleada de un local de indumentaria, indicó que para acceder al precio por mayor se requieren al menos cinco prendas: «Antes compraban mucho más. Ahora se llevan justo las cinco». La empleada añadió que el comercio tiene tienda online y que «actualmente vendo más por redes que de manera presencial, aunque en general vendo menos cantidad».
Jessica y Erika, clientas que viajaron desde Navarro para comprar mercadería para su negocio, explicaron: «No compramos en cantidad. En vez de llevar un mismo modelo en todos los talles, preferimos comprar por unidad, aunque nos salga $2.000 o $3.000 más por prenda. Volvemos a Navarro, vemos si se vende y, si funciona, volvemos a Flores a comprarlo».
Isa describió el mismo comportamiento desde el lado del comercio: «Antes se renovaba la mercadería constantemente». Ahora, dijo, «hay que comprar cosas puntuales, cosas que se vayan a mover, con precios accesibles, porque si no, no se mueve». Sobre la mercadería no vendida, explicó: «Nos gustaría liquidar, mandar todo en oferta, pero también es mercadería que perdemos. Tratamos de bajarle el precio y que salga; si no sale, se queda. Vemos en qué momento, hasta la próxima temporada, lo podemos sacar».
La empresa de Davidov produce tejido angosto: cintas, elásticos, sogas, cordones, abrojos e hilo de alta tenacidad. Sus clientes son fabricantes de colchones, fajas lumbares y medicinales, calzado, marroquinería e indumentaria. Davidov señaló: «Antes el cliente llamaba y pedía lo que necesitaba. Hoy cada pedido es negociado, ya no es automático. Si nuestras condiciones son las más competitivas, obtenemos el pedido; si no, no. También se complicó un poco la cadena de pagos». Respecto del impacto por sector, detalló: «En nuestro caso es diferente dependiendo del sector: calzado cayó un 90%, indumentaria un 60%, colchones un 30% y fajas un 20%. Marroquinería también cayó».
Los datos de comercio exterior muestran un cambio en la composición de los productos textiles importados. Entre enero y agosto de 2026, las importaciones totales de productos textiles e indumentaria alcanzaron 201.867 toneladas, un 21% menos que en el mismo período de 2025. En dólares, sumaron u$s1.039 millones, con una caída interanual del 7%. Mientras la indumentaria terminada aumentó 55% en toneladas y alcanzó un récord histórico, las importaciones de materias primas cayeron 34%; las de hilados, 41%; las de tejidos planos, 52%; y las de tejidos de punto, 35%. Las confecciones aumentaron 22% y también alcanzaron un máximo histórico.
Isa indicó que el local donde trabaja vende prendas nacionales e importadas, pero que actualmente compra más productos del exterior: «Traemos más de afuera por el precio y por la calidad. Visualmente se ve mejor y a veces hay cosas similares a lo que encontrás en un shopping, pero con mucha diferencia de precio». Antonella, en cambio, señaló que en su local la producción es nacional, con excepción de las remeras, que son importadas.
La producción nacional de textiles registra caídas. En julio, la industria textil disminuyó 13% interanual y quedó 33,8% por debajo del mismo mes de 2023. En los primeros siete meses de 2026 acumuló una baja del 22,6% frente a 2025 y del 33,9% respecto de 2023. En prendas de vestir, cuero y calzado, la producción bajó 15,9% interanual en julio y acumuló una caída del 14,4% entre enero y julio frente al mismo período del año pasado. La industria textil trabajó, en promedio, al 40% de su capacidad durante los primeros siete meses del año; en julio se ubicó en 45,3%. Según Pro Tejer, seis de cada diez máquinas permanecieron paradas.
Priscila Makari, directora ejecutiva de Fundación Pro Tejer, afirmó: «El factor determinante hoy tiene que ver con la caída del consumo». Explicó que una mayor parte de los ingresos de los hogares se destina a alimentos, alquiler, transporte y servicios, lo que deja menos dinero disponible para otro tipo de compras. «El problema hoy es claramente de consumo. No se vende ni nacional ni importado en Argentina», sostuvo.
Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, el sector textil, confecciones, cuero y calzado perdió 28.322 puestos de trabajo asalariados registrados, una caída del 23,4%. En el mismo período, la cantidad de establecimientos productivos de la cadena pasó de 6.142 a 5.100: se perdieron 1.042, una caída del 17%. Dentro de ese total, indumentaria perdió 498 establecimientos y cuero y calzado, 270.
Davidov contó que en su empresa «tuvimos que mejorar nuestra forma de producir, bajamos el personal al 50% y los costos fijos al mínimo. También redujimos márgenes». Sobre la crisis actual, señaló: «Este momento parece haber venido para quedarse, parece ser a largo plazo. De ser así, terminaría con el péndulo que siempre existió en nuestro país y las decisiones también pasan a pensarse para largo plazo». También marcó una diferencia respecto de crisis anteriores: «Nos hace competir y ser más prolijos, porque todo es más claro. No solo los precios: los compradores también empiezan a ser más claros con el producto que quieren».
Según el informe de inflación del INDEC, en agosto la inflación fue del 1,7% mensual y del 33,5% interanual, mientras que prendas de vestir y calzado registraron una baja mensual del 0,6%. En un año, los precios del rubro aumentaron 11%, por debajo del nivel general. Desde diciembre de 2023, prendas de vestir y calzado acumularon un incremento del 122,4%, frente al 247,5% del nivel general.
Isa explicó que trasladar los costos a los precios no es sencillo: «No es fácil. Los proveedores también aumentan, pero tratamos de que el precio se mantenga en lo posible para que se pueda mover la mercadería». Makari aseguró que algunas empresas resignaron rentabilidad para generar ingresos y afrontar gastos: «Muchas empresas se ven en la necesidad de vender por debajo del costo. Ya ni siquiera estamos hablando de disminuir rentabilidad, sino directamente de pasar a tener una rentabilidad negativa para poder sostener los costos fijos».
Según el último relevamiento de ventas minoristas de CAME, en septiembre las ventas de Textil e Indumentaria crecieron 5% interanual. Salvador Femenia, vocero de la entidad, aclaró que el resultado debe leerse contra una baja base de comparación: «El crecimiento del 5% tiene sobre todo una base estadística». Septiembre de 2025 había registrado una de las mayores caídas del año anterior y, durante el último mes, también hubo movimiento por el comienzo de la nueva temporada y las liquidaciones de la anterior. «No significa un cambio de tendencia», sostuvo. Según Femenia, los comercios recurren a descuentos, ofertas y promociones propias y bancarias para sostener las ventas: «La rentabilidad negativa se produce por la imposibilidad, por restricción de demanda, de trasladar mayores costos. Se prefiere mover stock a costa de rentabilidad para tener un flujo financiero». Para CAME, además de la menor demanda, sobre los precios influyen la competencia de mayoristas, la informalidad, las importaciones y las plataformas del exterior. «El consumidor busca precios resignando calidad. Es muy selectivo y compra, en general, lo que necesita. No convalida precios», señaló el vocero.
Rahman indicó que tiene alrededor de $2.000.000 mensuales de gastos fijos entre un alquiler de u$s1.000, expensas, electricidad e Internet. Según contó, hay meses en los que las ventas apenas alcanzan para cubrir los costos. «Los locales de toda la cuadra abren y cierran cada tres meses. Vienen nuevos y se van porque no aguantan los gastos fijos», describió. Femenia, de CAME, señaló: «La mayor problemática son los costos tanto de servicios públicos, alquileres, gastos de personal e impuestos, con una escala de venta que no permite amortizarlos».
Jessica y Erika contaron que, después de recorrer locales, vuelven a su pueblo, hacen el inventario y publican los productos en redes sociales. La mayor parte de sus ventas ya se realiza de manera digital. Antonella aseguró que en su comercio venden más a través de la tienda digital que de manera presencial, aunque aclaró que eso no significa que el nivel general de ventas sea alto. Rahman observó: «La gente ya no viene hasta tan lejos. Compra todo por Internet». Según señaló, hay consumidores que prefieren pagar un precio algo mayor antes que trasladarse hasta Flores. Isa dijo que su local todavía no tiene tienda online, pero planea incorporarla: «Hoy está mucho lo de Internet, TikTok, la página web. Poco a poco nos vamos adaptando a ese cambio. Nosotros todavía no tenemos, pero en poco tiempo vamos a hacer la página web. Vemos que se vende mucho por ahí».
Davidov concluyó: «En algún momento esperamos que este cambio que hay en el país derrame sobre los trabajadores y que todos estén un poco mejor. Eso hará mover la industria y el comercio otra vez».
