Fuentes empresariales señalan malestar por la escalada de confrontación verbal de Javier Milei contra periodistas y dirigentes críticos, y advierten sobre posibles efectos en inversiones futuras.
Un grupo de empresarios cercanos al gobierno de Javier Milei expresó malestar y preocupación por la escalada de confrontación verbal del Presidente contra periodistas, medios de comunicación y dirigentes críticos, según confirmaron decenas de fuentes empresariales que pidieron reserva de su nombre a iProfesional.
Las fuentes señalaron que los insultos, muchos de ellos escatológicos, obstruyen posibles negocios e inversiones futuras. El diagnóstico que se repite en algunas de las principales empresas es que los insultos generan ruido y pueden afectar la confianza necesaria para atraer inversiones.
«Hay malestar y preocupación entre los empresarios más cercanos», resumió uno de los consultados de una empresa de servicios. «Es algo que se habla hacia adentro de nuestras empresas y entre directivos de distintas compañías en eventos y reuniones. No gusta porque estos insultos desacreditan al Presidente».
Los empresarios también señalaron una paradoja: Milei organizó la «Semana Argentina» en Nueva York o París para atraer inversiones, pero terminó hablando de los «trapitos sucios del país». Asimismo, sus presentaciones ante empresarios locales terminan siendo catarsis contra sus críticos.
Las críticas subidas de tono en el exterior a periodistas o empresarios argentinos generan temor en potenciales inversores extranjeros. «A nadie le gusta que el Presidente se pase insultando en otro país a empresarios de su propio país. Los empresarios extranjeros dicen que prefieren esperar y ver cómo trata a otros inversores, porque ¿a mí me tratará igual?», dijo un empresario de energía.
Nadie está dispuesto a decírselo personalmente a Milei, ni empresarios ni funcionarios. «A esta altura no creo que nadie le diga nada sobre el tema. Todos lo comentan, pero nadie se lo dice a él», señaló un ex funcionario que tuvo trato cotidiano con Milei y Karina Milei. Media docena de funcionarios coincidieron.
Una docena de empresarios y ejecutivos consultados pidieron reserva de su nombre y de la empresa a la que representan. «Vos podés hacer un chiste en una mesa o charla privada que Paolo Rocca, de Techint, es ‘Don Chatarrin’, pero no en un atril frente a 300 empresarios en Nueva York, no ofrecés seguridad a nadie», señalaron.
Javier Milei salió de las oficinas de Aeropuertos Argentina 2000, cuyo dueño es Eduardo Eurnekian, quien en su momento se enojó públicamente con Milei por sus insultos al fallecido papa Francisco: lo llamó «representante del maligno en la Tierra» por promover la «justicia social».
En el Grupo América nadie quiso opinar sobre los modales del Presidente. «No es un tema del que se hable hacia afuera», señaló un dirigente con contactos en el holding. Eurnekian es conocido por tener modales diplomáticos.
Según cuentan memoriosos, Milei llegó a Aeropuertos de la mano del actual representante ante el FMI, Leonardo «Leo» Madcur, quien lo conoció luego de ser funcionario del ex ministro de Economía Roberto Lavagna entre 2002 y 2005. Madcur trabajaba en el Grupo América y entabló amistad con Milei y lo presentó como analista económico.
Milei ratificó a Madcur en 2023 como representante ante el Fondo Monetario Internacional, cargo que desempeñaba con el ex ministro de Economía Sergio Massa. Madcur lo conectó con su suegro, Guillermo Nielsen, con Massa, y con el empresario Gerardo Werthein.
Una vez en Aeropuertos, Milei cosechó amistad con otros altos directivos, Nicolás Posse y Guillermo Francos, quien lo llevó a asesorar a Daniel Scioli, entonces gobernador bonaerense y candidato presidencial en 2015 del Frente para la Victoria. Milei también asesoraba a Massa junto a Nielsen y al economista Diego Giacomini en el Frente Renovador.
En 2023, Milei nombró a Posse jefe de Gabinete; a Francos ministro del Interior y luego reemplazó a Posse, a Scioli secretario de Turismo y a Nielsen embajador en Paraguay. A Werthein lo designó embajador en Estados Unidos y luego canciller. En Aeropuertos recuerdan a Milei como un gerente afable, de trato cordial y excelentes relaciones.
«No te va a mandar a la AFIP como los K», ironizó un empresario que conoce el funcionamiento del Gobierno. «Pero nadie quiere ligarse una puteada pública o quedar marcado para algún negocio».
La preocupación excede las formas. Los empresarios sostienen que, mientras la Argentina necesita recuperar inversión, generar empleo y destrabar proyectos productivos, la permanente pelea del Presidente con periodistas y medios puede transmitir una imagen de inestabilidad política y confrontación permanente.
«En el exterior no entienden por qué no se generan inversiones en la magnitud que esperaba el Gobierno», señaló otro empresario. «Y este clima no ayuda a que un empresario extranjero confíe en el país». Un empresario recordó que en países como Estados Unidos la libertad de prensa importa y el derecho a informar está consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución.
La discusión empieza a aparecer en ámbitos donde normalmente se habla de resultados, costos, financiamiento y negocios. «En encuentros de directores de Comunicación el comentario es de preocupación, pero también de resignación», contó otra fuente.
La resignación tiene una explicación: los empresarios más cercanos al Presidente aseguran que Milei escucha, pero después hace lo que quiere. «Son los mismos de siempre los que le dicen las cosas. Javier escucha y después hace lo que le parece», describió una fuente.
Los empresarios más cercanos a Milei son conocidos pero nadie revela si hablan con el Presidente de sus formas. En ese lote están Eduardo Eurnekian, Eduardo Elsztain, Marcos Galperín, José Luis Manzano, Daniel Vila, Mauricio Filiberti, Martín Migoya, Hugo Sigman, Daniel y Ian Sielecki, los hermanos Juan Neuss y Patricio Neuss, Rubén Chiernajowsky, Marcelo Mindlin, Nicolás Caputo, Eduardo Bastitta, y Alec Oxenford, entre otros.
En París, Milei se encontró y abrazó como viejos amigos con Mindlin, Manzano, los Neuss, y Francisco De Narváez, entre otros. Muchos también tienen antiguas relaciones con Massa o con el peronismo. «Pero en ese microclima no hay espacios para hablar del estilo y reina el optimismo del tema del momento, hacer negocios», señaló un conocedor.
La sensación general es que muchos pueden advertirle al Presidente sobre sus formas, pero no tienen capacidad para modificar su conducta. Temen las respuestas, aunque nadie considera que Milei podría tomar represalias como lo hacían los Kirchner.
En el entorno empresario empieza a instalarse una pregunta: ¿alguien intenta frenar al Presidente? «¿Alguien intentó sacarle el celular?», preguntó con ironía un empresario. Los funcionarios aseguran que «nadie se lo puede sacar».
La respuesta que circula entre varios ejecutivos es que nadie se anima. Ni siquiera Karina Milei, que continúa teniendo influencia sobre su hermano, parece poder imponerle un límite. «Es imposible decirle a Javier que haga o deje de hacer algo», sostuvo una fuente.
La pelea con el periodismo, además, no es un accidente, sino una parte constitutiva de la identidad política de La Libertad Avanza. «Odiar al periodismo es la base dialéctica mileísta», resumió un funcionario. La frase «No Odiamos Lo Suficiente a Los Periodistas», traducida en las siglas NOLSLP, es poco menos que un rezo libertario. «Es como el TMAP —todo marcha acorde al plan—. Ya es esencial».
En las últimas semanas, el Presidente volvió a utilizar expresiones agresivas contra periodistas y medios. Calificó a periodistas de «imbéciles», habló de «déficit de IQ», llamó «sicarios corruptos del micrófono» a comunicadores, utilizó el término «mierdas humanas» y acusó a profesionales de la prensa de ser «corruptos adictos a la pauta».
También apuntó contra periodistas y directivos de medios específicos. A Luis Novaresio lo llamó «Mierdanecio». Sobre Carlos Pagni escribió: «De la versión de mierda de Lucas Adams no se puede esperar otra cosa», y lo ubicó entre las «plumas esclavas» de Fernán Saguier, director de La Nación. En otro mensaje habló de «mierdas humanas mentirosas». Días antes los había calificado como «prostitutas de los políticos», «calumniadores» e «inquisidores», además de insistir con la acusación de que una amplia mayoría del periodismo argentino sería una «banda de delincuentes» vinculada a la pauta.
También atacó públicamente a Jésica Bossi y Maru Duffard, entre otras periodistas mujeres. El problema para algunos empresarios no es solamente el contenido de esas acusaciones sino que elige a mujeres y las formula desde sus cuentas oficiales, con frecuencia e intensidad inéditas.
Quienes compartieron aquel ámbito laboral de Aeropuertos lo recuerdan como una persona educada, amable y de trato cordial con los directivos. «Era muy caballero», recordó uno de ellos. La paradoja consiste en que durante años se movió en ambientes empresariales y financieros internacionales con un trato profesional y cordial, pero ahora construyó una relación más áspera con buena parte de esos mismos sectores.
Por ahora, los empresarios que rodean al Gobierno prefieren el silencio. No porque estén de acuerdo, sino porque, como admite uno de ellos, nadie quiere convertirse en el próximo «CIAO» o «Masterclass» o «Chatarrín».
