miércoles, 30 septiembre, 2026

IAdicción: especialistas analizan la dependencia a la inteligencia artificial

El fenómeno, aún sin diagnóstico clínico, se caracteriza por la necesidad de consultar a la IA antes de tomar decisiones cotidianas. Investigadores y psicólogos describen el mecanismo y las señales de alerta.

El término «IAdicción» comenzó a circular entre especialistas para describir la dependencia a la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana. El fenómeno no cuenta con un diagnóstico clínico universalmente aceptado, pero investigadores y psicólogos observan un patrón de consulta frecuente a la IA antes de tomar decisiones simples, como comprar un producto, responder un mensaje o elegir qué comer.

Diego Golombek, biólogo y divulgador científico especializado en cronobiología, explicó desde la neurociencia que delegar esfuerzo mental no es un comportamiento nuevo. «Usamos agendas para acordarnos de las cosas, calculadoras para hacer cuentas, otras personas para pensar problemas entre todos», señaló. En psicología cognitiva, este mecanismo se denomina descarga cognitiva o cognitive offloading: apoyarse en recursos externos para reducir las demandas de una tarea. Según Golombek, la IA amplía en escala lo que puede delegarse.

El especialista sostuvo que el problema no es la delegación en sí. La mirada optimista, indicó, es que con la IA se amplía la capacidad de externalizar, comparar opciones, elaborar argumentos y buscar información. El problema aparece cuando esa delegación se convierte en dependencia: seguir las recomendaciones de la IA sin pensamiento crítico para evaluarlas.

Matías Sánchez Sanda, miembro del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, agregó el mecanismo que explica el crecimiento del fenómeno: los seres humanos manejan mal la incertidumbre. «Tenemos una cierta angustia frente a lo desconocido, y consultar a la IA, recibir una respuesta y sentir alivio es exactamente eso: bajar el nivel de incertidumbre», afirmó. Golombek completó: «El problema es si esa consulta va más allá de conseguir información, o si simplemente es para quedarnos tranquilos».

¿Puede la IAdicción convertirse en una adicción comportamental?

Sánchez Sanda precisó que una adicción implica pérdida de control sobre la conducta, dependencia al uso y consecuencias negativas sostenidas en el tiempo. Las únicas adicciones comportamentales tipificadas en manuales diagnósticos internacionales como el DSM-V y el CIE-11 son el juego patológico y el trastorno por videojuegos. Sin embargo, el especialista no excluyó a la IA.

«Cualquier conducta que produzca liberación de placer tiene el potencial de volverse adictiva», explicó. Lo que determina si una conducta se vuelve adictiva es la cantidad de tiempo invertido, su frecuencia y el impacto negativo que genera en las distintas áreas de la vida, laboral, académica, social y familiar. Bajo esas condiciones, el uso de IA no es una excepción.

El especialista observó un patrón concreto: muchas personas usan la IA no para optimizar procesos o potenciar ideas, sino como método sustitutivo y de delegación total. Cuando alguien le pide a la IA que le redacte sus mails o mensajes cotidianos, determinadas habilidades cognitivas dejan de ponerse en práctica. A mediano plazo, eso genera más dificultad para desempeñar esas actividades de manera autónoma.

En qué momento la IA deja de ser una herramienta y empieza a pensar por nosotros

Santiago Siri, fundador de Democracy Earth, agregó la dimensión que completa el cuadro: el problema no es que millones de personas usen el mismo algoritmo, sino que dejen de discutir sus criterios. Para Siri, una sociedad pierde autonomía cuando terceriza no solo decisiones sino también las razones detrás de esas decisiones. La defensa no es usar menos IA, es tener más pluralidad de modelos, más transparencia y más capacidad humana para disentir. Y cerró con la distinción: «El futuro no se divide entre quienes usan IA y quienes no. Se divide entre quienes la usan para pensar mejor y quienes la usan para evitar pensar».

Golombek propuso una distinción que clarifica el debate: «¿La consulta me va a dejar comprender mejor mis opciones? ¿O es simplemente para dejarme tranquilo?». Si la IA sirve para conseguir información y elaborarla, todo bien. Si sirve para delegar una función importante, ahí está el problema.

La diferencia entre nomofobia e IAdicción también es relevante. Sánchez Sanda señaló que el celular es un dispositivo multifunción -necesario para comunicarse, trabajar, pagar, socializar- lo que hace muy complejo restringir su uso problemático: «La IAdicción, en cambio, es más fácil de delimitar a contextos y usos específicos, lo que facilita su abordaje».

Sánchez Sanda identificó tres señales concretas. La primera: creer que para poder realizar una tarea es necesario usar la IA sí o sí. La segunda: usarla para validar todas las opiniones y decisiones, incluso las más cotidianas. La tercera, y la más importante: sentir ansiedad o malestar cuando no se puede acceder a ella para tomar una decisión.

Para Golombek, la señal más reveladora es más simple: «¿Podemos decidir sin consultar? ¿Podemos no estar de acuerdo con lo que nos diga la IA?». La pérdida de autonomía -la incapacidad de hacerse cargo de la propia decisión- es el indicador más claro de que la relación con la tecnología cruzó un límite.

Cómo usar la inteligencia artificial sin perder la autonomía de tus decisiones

Las recomendaciones de Sánchez Sanda son concretas. Primero: definir tareas específicas para las que se va a usar la IA, no consultarla para todas las decisiones. Segundo: fijar horarios y cantidad de tiempo de uso, para que no sea irrestricto. Tercero: identificar la función del uso, preguntarse si se consulta porque realmente se necesita o para manejar ansiedad. Cuarto: mantener siempre una postura crítica frente a las respuestas de la IA, que también se equivoca.

En ese sentido, Siri señaló: «El desafío no es evitar la dependencia tecnológica, sino evitar la obediencia intelectual».

Golombek cerró con la distinción que define todo el debate: «Autonomía no quiere decir decidir sin ayuda. Bienvenida la ayuda. El asunto es poder evaluar esa ayuda, discutirla y hacerte cargo de tu propia decisión. Esa es la capacidad que tenemos que cuidar como humanos».

La IAdicción no es un diagnóstico clínico todavía. Pero el fenómeno que describe es real, creciente y tiene consecuencias concretas sobre la capacidad de pensar de manera autónoma. La IA es la herramienta más poderosa que se masificó en los últimos años, y como toda herramienta poderosa, el problema no es la herramienta sino cómo se usa. La pregunta que los especialistas dejan sobre la mesa no es si conviene usarla, sino si todavía somos capaces de no usarla cuando no hace falta.

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