La firma que controla la exfilial argentina de Mercedes-Benz busca un proyecto industrial adicional para garantizar la continuidad de la fábrica más allá de 2030, cuando vence el acuerdo vigente por la Sprinter. La automotriz china BYD aparece como la opción más avanzada tras múltiples visitas a la planta.
La llegada de Prestige Auto al control de la filial argentina de Mercedes-Benz, concretada en junio de 2025, marcó un punto de inflexión para la automotriz y para su histórica planta de Virrey del Pino. La operación significó el inicio de una nueva etapa para una fábrica que, durante los años previos, había atravesado un período de incertidumbre, con una actividad cada vez más reducida y un horizonte poco claro.
Todo indica que la decisión de la multinacional alemana de abandonar el país había sido tomada bastante antes de que la noticia se hiciera pública, hacia finales de 2024. Ese escenario provocó que la casa matriz dejara gradualmente de contemplar a la filial argentina dentro de sus planes estratégicos, situación que fue dejando a la operación local en una posición cada vez más vulnerable.
La adquisición por parte del empresario Pablo Peralta y de Daniel Herrero, ex ejecutivo de Toyota que además asumió la conducción de la nueva compañía, abrió una etapa de recuperación. Desde entonces comenzaron a implementarse medidas destinadas a revitalizar la producción y reposicionar a la planta dentro de la industria automotriz regional.
Entre las primeras decisiones se destacó el incremento del volumen de producción de la Sprinter, que pasó de un objetivo de 14.000 unidades a 20.000 para este año. A su vez, la empresa proyecta un nuevo aumento de alrededor del 10% para 2027. La estrategia también contempla ampliar la gama del utilitario mediante las siguientes iniciativas:
- Expandir las exportaciones hacia nuevos mercados, entre ellos Estados Unidos y distintos países africanos
- Incorporar nuevas versiones equipadas con caja automática
- Sumar variantes con tracción 4×4
El desafío clave: asegurar la continuidad más allá de 2030
Sin embargo, más allá de la recuperación de la actividad actual, el desafío de fondo para Prestige Auto consiste en garantizar la sustentabilidad de la planta en el largo plazo. El acuerdo vigente con Mercedes-Benz para fabricar la Sprinter expira en 2030 y, por ese motivo, la empresa trabaja sobre dos frentes simultáneos: la renovación de esa licencia y la incorporación de un nuevo modelo perteneciente a otra marca que permita diversificar la producción.
La prioridad para Herrero es lograr una extensión del convenio con la automotriz alemana. Según pudo saber iProfesional, las conversaciones avanzan de manera favorable y existen señales positivas respecto de la continuidad de la fabricación de la Sprinter más allá del vencimiento actual. No obstante, la firma de un nuevo acuerdo todavía demandará tiempo y no se prevé una definición inmediata.
Mientras esas negociaciones continúan, la búsqueda de un segundo proyecto industrial no se detiene. De hecho, durante el reciente lanzamiento de la marca Smart, Herrero se refirió públicamente a esa estrategia y estableció un plazo concreto para la toma de decisiones.
«Estamos buscándole la vuelta para el espacio disponible en la planta de Virrey del Pino. Estimamos que antes de fin de año deberíamos tomar una definición al respecto. La idea no sería únicamente para el ensamblaje de piezas, sino para un proceso de producción completo; una vez que se inicia un proyecto, este va progresando de manera natural hacia la fabricación local», afirmó el ejecutivo ante la prensa.
BYD emerge como la opción más fuerte tras múltiples visitas
Dentro de las alternativas que analiza Prestige Auto aparece con fuerza el nombre de BYD. La automotriz china ha mantenido diversos contactos con la empresa y, según pudo reconstruirse, directivos de distintos niveles visitaron en varias oportunidades la planta que perteneció a Mercedes-Benz. No sólo asistieron representantes de la filial argentina, sino también ejecutivos provenientes de Brasil y de la casa matriz en China.
Lo llamativo es que fuentes vinculadas a ambas compañías reconocen esos encuentros sin mayores reservas, algo inusual en este tipo de situaciones.
Desde Prestige Auto explican que forman parte de la exploración de distintas alternativas industriales para aprovechar la capacidad disponible de la planta bonaerense.
Por el lado de BYD, en tanto, admiten que la posibilidad de desarrollar una base productiva en Argentina permanece abierta. «Los directivos de la casa matriz que visitan el país están interesados en ver cómo es el proceso de producción de vehículos en la Argentina», señalan en ámbitos vinculados a la filial local de la compañía. Actualmente, la empresa ya fabrica vehículos en Brasil, mercado que se ha convertido en uno de los pilares de su expansión regional.
Las aspiraciones de crecimiento de BYD en Argentina parecen requerir, además, algún tipo de proyecto industrial local. La compañía ha manifestado en diferentes oportunidades su intención de convertirse en líder del mercado argentino. Para alcanzar ese objetivo debería superar las 80.000 unidades anuales, una cifra muy superior a las cerca de 20.000 que proyecta comercializar durante este año.
Multiplicar por cuatro su volumen de ventas apoyándose exclusivamente en vehículos importados representa un desafío complejo. Si bien en los próximos meses comenzarán a llegar al país modelos producidos en Brasil que cumplan con los requisitos de integración regional, las cantidades necesarias para alcanzar el liderazgo del mercado serían considerablemente mayores. Aunque podrían abastecerse desde Brasil o China, semejante flujo de importaciones tendría un impacto relevante sobre la balanza comercial del sector automotor.
El régimen Mercosur como pieza clave en la ecuación
En este contexto cobra importancia el régimen automotor vigente entre Argentina y Brasil, basado en el sistema de compensación de importaciones y exportaciones conocido como régimen Flex. Este mecanismo explica por qué la mayoría de las terminales cuenta con instalaciones productivas en ambos países y constituye uno de los pilares del intercambio automotor dentro del Mercosur.
El acuerdo se encuentra vigente hasta 2029. A partir de entonces debería avanzar un esquema de libre comercio pleno entre ambos mercados. Sin embargo, las terminales radicadas en la región ya vienen ejerciendo presión para renegociar una extensión del sistema actual y postergar una apertura total.
Si finalmente se implementara el libre comercio dentro del Mercosur, BYD tendría la posibilidad de importar desde Brasil sin restricciones cuantitativas ni costos arancelarios adicionales. Pero frente a la posibilidad de que el esquema administrado sea prorrogado, resulta lógico que la empresa avance en el análisis de alternativas de producción local que le permitan sostener sus planes de expansión.
La incógnita pasa ahora por determinar si los tiempos de ambas estrategias terminarán convergiendo. Mientras Daniel Herrero se fijó como meta definir antes de fin de año la incorporación de un nuevo modelo para la planta de Virrey del Pino, en BYD continúan evaluando los pasos necesarios para consolidar su presencia industrial en Argentina. La coincidencia entre ambas agendas podría terminar convirtiéndose en una de las noticias más relevantes para la industria automotriz local en los próximos meses.
