La empresa Fisipa, que en 2014 reabrió la planta de la ex Sniafa en La Plata, pasó de tener 100 trabajadores a solo 8 y enfrenta una deuda de más de 565 millones de pesos. El Juzgado Comercial N° 1 abrió su concurso preventivo el 19 de junio.
La empresa textil Fisipa, que en 2014 puso en funcionamiento la planta de la ex Sniafa en La Plata, atraviesa su momento más crítico. Según información presentada ante la Justicia, la compañía redujo su plantilla de aproximadamente 100 empleados a solo 8 trabajadores y quedó formalmente bajo concurso preventivo de acreedores, proceso abierto por el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 1, a cargo de Alberto Alemán, el pasado 19 de junio.
El deterioro de la empresa se aceleró durante los últimos dos años. La firma implementó reducciones de personal, suspensiones rotativas y, finalmente, despidos. El 22 de mayo, 17 trabajadores aseguraron que se enteraron de su desvinculación al llegar a la planta. Una semana después realizaron una protesta frente al establecimiento y el caso llegó al Ministerio de Trabajo bonaerense. En una audiencia de junio, Fisipa ofreció pagar el 50% de las indemnizaciones, propuesta rechazada por los empleados, que reclamaron el pago íntegro. Con esas cesantías, la plantilla quedó en ocho personas.
La empresa se presentó en concurso el 1 de junio. Los acreedores tienen plazo hasta el 15 de septiembre para verificar sus créditos ante la sindicatura designada. El pasivo total declarado es de 565,3 millones de pesos, distribuidos en deudas comerciales (168 millones), financieras (26,3 millones), fiscales y de seguridad social (161,2 millones) y laborales (209,7 millones).
Fisipa nació ocupando un predio de 40.000 metros cuadrados donde funcionó la ex Sniafa, dedicada a la fabricación de hilados de nylon. La empresa reacondicionó maquinaria obsoleta y amplió su producción de hilados sintéticos. Hasta 2017 logró expandirse, pero desde entonces inició un retroceso que, según su presentación judicial, acompañó el deterioro de la industria textil.
Tras la pandemia, la producción creció temporalmente y en 2021 recibió máquinas de Mafisa. Sin embargo, en 2023 enfrentó dificultades por restricciones para importar materias primas, ya que más del 90% de sus insumos son importados. En 2024, la empresa sostiene que la reducción de aranceles y la eliminación de mecanismos de administración del comercio exterior facilitaron la competencia de productos importados. A ello sumó el aumento de más del 600% en tarifas de servicios públicos, el costo del financiamiento y los incrementos salariales.
Según la empresa, al tratarse de un commodity con precio internacional, no pudo trasladar los mayores costos a sus precios. La caída del consumo, la mayor competencia y el incremento de costos redujeron la capacidad instalada hasta volver inviable el negocio. La firma liquidó stocks, consumió capital de trabajo, recurrió a planes de pago impositivos y tomó financiamiento de corto plazo. El 26 de mayo de este año quedó configurada la cesación de pagos, al no poder afrontar compromisos con ARCA.
La crisis de Fisipa se enmarca en un contexto sectorial. Según datos de Fundación Pro Tejer, basados en estadísticas del INDEC, la producción textil cayó 23% interanual en abril y la utilización promedio de la capacidad instalada en el primer cuatrimestre fue de 36,6%, uno de los niveles más bajos fuera de la pandemia.
La empresa intentará renegociar sus compromisos a través del concurso preventivo para evitar la quiebra. La verificación de créditos cerrará en septiembre y la audiencia informativa fue fijada para junio de 2027.
