Empresas del sector del calzado en Argentina modifican sus modelos de producción, con cierre de plantas y aumento de importaciones, en respuesta a la caída del consumo interno y los costos locales.
Durante décadas, fabricar calzado en Argentina fue una actividad industrial central para varias marcas, fuente de empleo regional y cadena que integraba proveedores de cuero, textiles y suelas. Ese modelo comenzó a cambiar a partir de la política económica de mayor apertura y menor proteccionismo implementada por el gobierno nacional. Actualmente, se observa un reemplazo por un esquema basado en la importación de productos terminados o componentes desde el exterior.
El mercado interno se contrajo un 30% en los últimos dos años y los costos fabriles superan márgenes de competitividad. Como resultado, los cierres de plantas se han vuelto frecuentes. Las empresas enfrentan una transformación en la que revisan qué parte del negocio conviene mantener dentro del país y cuál trasladar a otros mercados.
Cambio de época
La caída del consumo interno, la presión de los costos argentinos y el avance de productos importados aceleraron decisiones que hasta hace algunos años parecían impensadas. Marcas históricas redujeron fabricación, cerraron líneas productivas o pasaron a esquemas con mayor peso de la importación. La Argentina conserva marcas reconocidas, pero la estructura industrial que las acompañó comienza a achicarse.
Un caso es el de John Foos, que durante 40 años construyó presencia en el segmento urbano y fue reconocida entre consumidores jóvenes en los años 90 y 2000. La empresa dejó atrás su etapa como fabricante local y avanzó hacia un esquema basado en productos importados desde China. La decisión dejó a decenas de trabajadores sin empleo y derivó en una disputa por el pago de indemnizaciones. El cierre de su planta en Beccar, provincia de Buenos Aires, marcó un cambio de estrategia hacia diseño, comercialización y distribución.
Otro ejemplo es Dass, que optó por dejar su esquema productivo cuando la escala dejó de ser suficiente. Durante años, fue uno de los principales jugadores industriales del sector y proveedor relevante para marcas deportivas. La caída de la demanda obligó a cerrar su planta en Coronel Suárez y reducir operaciones, trasladando su producción a Paraguay.
El efecto en las marcas deportivas
Topper y Puma recurrieron al ensamblado de kits importados de Asia tras la eliminación de medidas antidumping por parte del gobierno nacional. Esta estrategia les permite evitar el cierre total de sus plantas en Tucumán y La Rioja, aunque con jornadas reducidas y planes de retiros voluntarios. Adidas y Nike también modificaron sus esquemas, combinando fabricación local con componentes importados y mayor participación de productos del exterior.
Las razones para importar
Analistas del sector indican que las marcas prefieren importar por tres pilares: costos operativos locales elevados, desplome del consumo interno y facilitación de importaciones que desmanteló la cadena de valor de proveedores locales.
El futuro
Según la Cámara de la Industria del Calzado, el sector opera con una capacidad instalada superior al 30%. No hay repunte del consumo interno y la competencia externa gana terreno. Muchas compañías buscan un punto intermedio: producir determinadas líneas, importar otras y concentrarse en áreas donde pueden competir.
La transformación afecta también a la industria auxiliar. Una fábrica de suelas y bases de goma en Córdoba, con más de 30 años de trayectoria, cerró sus puertas dejando a 40 empleados sin trabajo. Grupo Dabra, dueño de Dexter y Netshoes, cesó operaciones en su planta de Valle Viejo, Catamarca, y se volcó a la importación desde Brasil.
Empresarios del sector resumen el escenario con una ecuación: producir localmente requiere costos fijos elevados, mientras que importar permite acceder a volúmenes fabricados en países con otra escala industrial. Con menos volumen de ventas, las fábricas pierden eficiencia y los costos fijos pesan más. Además, los comercios estiran plazos de pago, lo que afecta la liquidez.
La nueva tendencia es que varias compañías dejen de pensarse como fabricantes tradicionales y funcionen como compañías de marca, enfocándose en diseño, marketing, distribución y comercio electrónico. La fabricación se evalúa caso por caso.
