A pesar de la mejora en la calificación crediticia y la baja transitoria del riesgo país por debajo de los 500 puntos, los analistas estiman que el indicador mantendrá un piso elevado hasta 2027 debido a la incertidumbre electoral.
La reciente mejora en la calificación de la deuda argentina por parte de Fitch y el anticipo de Moody’s impulsaron los bonos en dólares y llevaron al riesgo país a caer transitoriamente por debajo de los 500 puntos. Sin embargo, en el mercado financiero estiman que, si bien la tasa de riesgo soberano podría comprimir un poco más en los próximos meses, el piso se mantendrá relativamente alto hasta finales de 2027.
Gustavo Neffa, director de Traders for Researchs, proyecta que el riesgo país caerá a la zona de entre 400 y 450 puntos en los próximos seis meses. Destaca que el equipo económico del Gobierno mantiene el superávit fiscal, compra grandes cantidades de dólares en el mercado de cambios y la actividad económica se habría recuperado en abril, lo que ayudaría a mejorar la recaudación tributaria.
El analista Gustavo Ber estima que a corto plazo, con un clima externo favorable, el riesgo país podría comprimir hacia la zona de 450 puntos. En el segundo semestre del año, según su proyección, cedería hasta acercarse a la línea de 400 puntos. Desestima una baja mayor hasta las elecciones de 2027 y, en caso de darse, sería mediante fuertes señales económicas y políticas que entusiasmen al mercado.
«A corto plazo, el riesgo país todavía tiene margen para bajar un poco más y acercarse a la zona de 400 puntos en los próximos meses. Para que eso ocurra, será clave que: siga la compra de reservas por parte del Banco Central, el Gobierno mantenga la disciplina fiscal y monetaria, y el contexto internacional acompañe, especialmente en términos de tasas globales y apetito de los inversores por activos financieros emergentes. Sin embargo, el riesgo electoral le pone un piso en torno a 400 puntos», coincide Auxtin Maquieyra, de Sailing Inversiones.
El riesgo político quedó en evidencia tras la emisión de los bonos AO27 y AO28. Mientras el primero, que vence en 2027, tiene altísima demanda y se emite con tasas de poco más del 5% anual, el segundo, que vence en 2028, tiene menor demanda y se emite con tasas de casi 9% anual. La diferencia refleja la incertidumbre sobre el rumbo político tras las próximas elecciones presidenciales.
De acuerdo con un cálculo realizado por Pablo Repetto, jefe de research de Aurum, los inversores estarían marcando «implícitamente» una probabilidad del 20% a que haya una reversión de las políticas actuales, mientras que la probabilidad de continuidad sería del 80%. Por la combinación de escenarios, concluye que la relación riesgo-retorno es asimétrica, con una ganancia esperada del 8% en caso de continuidad de las políticas actuales y pérdida superior al 30% en caso de un cambio de orientación.
Martín Genero, de Clave Bursátil, estima que casi la mitad (entre 40% y 50%) del nivel actual de riesgo país tiene incorporado el temor de los inversores a un posible cambio de gobierno. Coincide en que la tasa de riesgo soberano, si bien puede ceder un poco más, tendrá un piso elevado y no caerá de manera significativa hasta las elecciones presidenciales.
