domingo, 3 mayo, 2026

La crisis climática también se explica por los residuos: el mundo generó 2.300 millones de toneladas en 2023

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente revela que la generación mundial de residuos urbanos alcanzó 2.300 millones de toneladas en 2023, y proyecta un aumento del 56% para 2050, vinculando esta tendencia con la aceleración del cambio climático.

La analogía sirve para dimensionar la cantidad de residuos urbanos que el mundo genera cada año. Si las 2.300 millones de toneladas producidas en 2023 se empaquetaran en contenedores de envío estándar y se colocaran de un extremo a otro, los desechos darían la vuelta al ecuador de la Tierra 25 veces. Esta exorbitante e insostenible generación de residuos —que en 2050 trepará a la escalofriante cifra de 3.800 millones de toneladas, un 56%— explica también la aceleración de la crisis climática, según revela el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en su reciente informe titulado «Más allá de una era de residuos: Perspectivas de la gestión mundial de residuos 2024».

La investigación, publicada conjuntamente con la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA), ofrece una evaluación actualizada de la gestión global de residuos y un análisis de datos sobre la gestión de residuos sólidos municipales en todo el mundo. La actualización de los datos confirma que respecto a 2015, cuando por primera vez la ONU recopiló información científica sobre la problemática, «la humanidad ha retrocedido» en la cruzada por reducir y reciclar sus desechos. «A pesar de algunos esfuerzos concertados, poco ha cambiado. Estamos generando más desechos, más contaminación y más emisiones de gases de efecto invernadero», se advierte.

El informe solo contabiliza los residuos municipales, los que se generan donde hay asentamientos humanos: alimentos, embalaje, artículos para el hogar, productos electrónicos, ropas y zapatos, y productos de higiene personal, entre otros. Deja fuera de análisis los residuos agrícolas; de construcción y demolición; industriales y comerciales; y residuos sanitarios. Por ende, a la cifra total del relevamiento hay que agregarle otras miles de millones de toneladas. Solo los residuos municipales, la forma en que la gente compra, usa y desecha materiales, «están intrínsecamente vinculados a la triple crisis planetaria del cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad». Muchos de estos residuos, explican los investigadores, «no conocen fronteras nacionales», se transporta por vías navegables a través de los países y entre ellos, mientras aumentan las emisiones procedentes de la quema y el vertido a cielo abierto; y se contaminan los ecosistemas terrestres y acuáticos.

La generación —detalla el informe— está asociada al PBI de los países y a las «tendencias de crecimiento»: «A medida que los países se vuelven más ricos, aumentan las tasas de industrialización y urbanización, cambian los patrones de vivienda y consumo y se dispone de una gama más amplia de productos en el mercado. Esto, a su vez, impulsa un aumento en la cantidad promedio de residuos generados por persona». Como a nivel mundial se espera para el 2050 un crecimiento doble de PBI y de población, la ONU llama a adoptar «estrategias urgentes» para desacoplar el crecimiento económico del consumo de recursos y la generación de residuos.

Los niveles de ingresos también tienen un impacto en la composición de los residuos, aclaran los expertos. Los países de bajos ingresos tienen poblaciones rurales proporcionalmente mayores, lo que significa que más personas viven cerca de los lugares donde se producen los alimentos. En estas regiones se utilizan menos envases para transportar alimentos de las zonas rurales a las urbanas, «por lo tanto, los envases constituyen una proporción menor de los residuos». Se pone el ejemplo de África y América del Sur, donde se tiene una proporción relativa más alta de desperdicio de alimentos, «no porque desperdicien más alimentos que otras regiones, sino porque hay una proporción menor de residuos de envases». Las poblaciones de mayores ingresos y más urbanizadas, en cambio, requieren «más embalajes» para transportar alimentos desde las zonas rurales a las urbanas. Además, estos consumidores «priorizan» la comodidad (envases de un solo uso para el traslado de comida a domicilio) y gastan más en ropa y productos de higiene.

Muchos de estos desechos se convierten en «residuos no controlados», aquellos que no son recogidos y luego reciclados y/o eliminados en una instalación controlada. El informe calcula que el 38% de los residuos urbanos generados a nivel mundial no están controlados. Y proyecta que se dupliquen en los próximos 26 años: de 806 millones de toneladas en 2020 a 1.600 millones de toneladas en 2050.

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