Casi 5 millones de turistas llegaron a España en enero, un 15,3% más que en 2023. Sin embargo, el consumo de agua en hoteles triplica al de los hogares en regiones como Cataluña y Andalucía, que enfrentan una crisis hídrica histórica.
En Cataluña, según cifras oficiales, los turistas consumen hasta tres veces más agua que los vecinos de Barcelona. En Andalucía, el dato es similar: el consumo de agua de cada plaza hotelera en Sevilla triplica al de las viviendas. Cada alojamiento turístico gasta 350 litros al día, frente a los 105 litros diarios de los hogares. Estas dos comunidades autónomas atraviesan una de las peores crisis hídricas de su historia; la primera ya está en emergencia y la segunda entrará en los próximos meses.
En paralelo, ambas regiones registran un crecimiento en la llegada de turistas, un motor económico que, según la comunidad científica, agrava los impactos de la crisis ambiental. El Instituto Nacional de Estadística (INE) difundió que enero batió todos los récords con la llegada de 4,76 millones de turistas, un crecimiento del 15,3% respecto a enero de 2023. Canarias fue el primer destino principal (27,7% del total), seguido de Cataluña (20,1%) y Andalucía (14,0%). Cataluña recibió 958.726 turistas (+20%) y Andalucía 666.363 (+17%).
El gasto de los turistas creció un 25,5%, hasta los 6.550 millones de euros. El Gobierno celebró el dato: el ministro de Industria y Turismo, Hereu, afirmó que “el crecimiento ininterrumpido de turistas y de gasto nos debe servir como estímulo para mejorar los índices de sostenibilidad social, medioambiental y digital”. La proyección del Ejecutivo es que 2024 supere el récord de 2023, cuando llegaron 85,1 millones de turistas.
Sin embargo, la aridez aumentó en el 84% de la superficie de España en la última década, según un estudio del CSI. Más de 7.000 km² ya son totalmente áridos, un incremento del 2.000% respecto a la década anterior. Expertos como Emilio Santiago Muiño y Andreu Escrivà advierten que el modelo turístico actual es “claramente insostenible” tanto en su dimensión ecológica como social, y que la escasez energética y de agua podría generar discontinuidades.
