martes, 17 marzo, 2026

El muro de julio de 2027 apura al Gobierno a destrabar dólares frente al escepticismo del mercado

El calendario político y financiero de la Argentina converge hacia una fecha límite julio de 2027. Un deadline estratégico que definirá la supervivencia de la gestión de Javier Milei. Para ese momento, el ministro de Economía, Luis Caputo, necesita haber desarmado una bomba compuesta por vencimientos de deuda, el fin de la ventana de ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el límite de tolerancia de un electorado que exigirá resultados palpables. El trilema macroeconómico —acumulación de reservas, desinflación y nivel de actividad— se encamina a su prueba de estrés definitiva en la antesala de las elecciones presidenciales.

A marzo de 2026 ya se habla de esa fecha en despachos financieros, legales y consultoras. Los drivers son dos: la ausencia de la salida a los mercados internacionales y el descalce entre las buenas noticias del mundo energético, minero y de los sectores extractivistas y los datos de empleo y actividad.

La posibilidad de abrir el mercado voluntario de deuda internacional, que a principios de año parecía innegable, hoy se aleja. A pesar del ancla fiscal, la curva de bonos soberanos grafica la cautela global y, este lunes, el riesgo país volvió a los 600 puntos básicos. En Wall Street advierten que la tasa de rendimiento exigida a la Argentina ronda el 9,8%, un costo de capital que Caputo no está dispuesto a convalidar. Esta dinámica mantiene la persiana del crédito externo virtualmente clausurada hasta nuevo aviso.

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El salvavidas del FMI y el reloj de los vencimientos

Frente a este cerrojo, el Gobierno vuelca su estrategia hacia los organismos multilaterales. Una fuente con conocimiento de las discusiones en Washington aseguró a PERFIL que es altamente probable que el Fondo Monetario Internacional (FMI) decida otorgar fondos frescos a la Argentina durante el próximo año. Sin embargo, el board mantendrá una lupa inflexible sobre las reservas netas del Banco Central: la prioridad técnica del organismo es asegurarse la capacidad de repago del país.

En su informe de Perspectivas 2026, la sociedad de bolsa Portfolio Personal Inversiones (PPI) cuantificó la urgencia: «A modo de ejemplo, no da igual acumular o no los US$ 10.000 millones este año, ya que representan el 45% de los vencimientos en dólares de 2027 (bonos del Tesoro, BOPREAL y pagos netos al FMI, siempre asumiendo 100% de rollover con organismos multilaterales), en un caso extremo de cierre del mercado por shock político».

Por ahora, Finanzas logra patear vencimientos mediante rollover en la plaza local de pesos, acumulando liquidez para sortear los compromisos más próximos. Sin embargo, cualquier operación dura de crédito (como un repo internacional) encuentra su límite temporal natural en julio de 2027; más allá de esa fecha, el riesgo de recambio presidencial paraliza a los prestamistas, coincidieron distintas fuentes en conversación con este medio.

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A esta encerrona financiera se le suma un costo oculto en los precios. La consultora Suramericana advirtió que la actual acumulación de reservas se está financiando, en parte, mediante emisión monetaria que, al no encontrar una mayor demanda de pesos, impacta directamente sobre la inflación. La advertencia de cara al inminente paredón de vencimientos es: si el país no logra acceder al crédito para refinanciar su deuda externa, la porción que quede al descubierto terminaría pagándose, en los hechos, con inflación. Esta volatilidad ya tiene un reflejo directo en la City, donde la demanda de títulos públicos indexados por inflación sigue ganando un peso determinante.

El apuro del RIGI y la economía a dos velocidades

En la economía real, la fecha julio 2027 también acelera los tiempos del capital hundido. El RIGI tiene fecha de caducidad para la inscripción de proyectos en ese mes en específico, forzando definiciones inmediatas. Un influyente abogado de la City, al tanto de los próximos desembolsos de las grandes corporaciones energéticas internacionales, advierte que las firmas se apuran a ingresar al régimen. No obstante, el termómetro de los directorios arroja una alerta: el estancamiento de la actividad general comienza a operar como un obstáculo para la toma de decisiones definitivas.

La radiografía del último EMAE exhibe una macroeconomía escindida a dos velocidades (con el sector de la energía creciendo al 10,7% y la industria manufacturera cayendo al 13%, por ejemplo). Mientras el sector extractivo opera en un boom histórico, el entramado industrial padece la recesión. Desde PPI analizaron este contraste: «Pasadas las elecciones de medio término con una victoria, con una inédita ayuda de EE.UU., y con reformas de leyes que muestran acompañamiento político, lo cierto es que no se observa un espíritu inversor masivo, con lo que los anuncios de campaña de llegar a la tierra prometida se van deshilachando cada vez más».

Desde MAP Latam profundizaron sobre este punto y advirtieron que, “sin acceso pleno a los mercados internacionales de deuda, la Argentina necesita seguir fortaleciendo reservas para reducir su vulnerabilidad externa, lo que limita fuertemente el margen” de maniobra sobre el frente de la actividad y la inflación. El elevado nivel de tasas complica la recuperación del crédito y restringe el financiamiento al sector privado. Esto impacta de lleno en el consumo, que exhibe señales de agotamiento, con una mora en las familias que se disparó a niveles récord.

Inflación crónica y el dilema del empleo

En los pasillos de Balcarce 50 el diagnóstico ya fue recalibrado: el país convivirá con un IPC alto por un período prolongado. Tras ocho meses de aceleración inflacionaria, Caputo relativizó la promesa de llegar a inflación cero a mediados de año y estiró el horizonte hacia «septiembre/octubre». La incorporación al Ministerio de Economía de Ernesto Talvi, el exfuncionario uruguayo que diseñó un programa de estabilización «gradual» extendido a lo largo de siete años, confirma que el shock desinflacionario puro quedó descartado.

Esta persistencia fue confirmada en el último reporte global de J.P. Morgan. Bajo el título «Stuck in a number» (Atrapados en un número), el banco de inversión estadounidense destacó que la inflación núcleo en Argentina aceleró al 3,1% mensual y advirtió que la presión sobre los precios se mantendrá firme a lo largo de todo el segundo trimestre de 2026. Los analistas de Manhattan proyectan que, empujado por subas en educación y nuevos ajustes regulados en electricidad, agua y combustibles, el IPC de marzo volverá a rondar el 3% mensual, forzando a corregir la inflación interanual estimada para diciembre al 26,5%.

Este sinceramiento no pasó desapercibido en las terminales financieras. PPI destacó que el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) marca un corrimiento paralelo al alza para todos los meses futuros. En el mercado de bonos soberanos, se configura una «curva plana que indica cierto escepticismo en la reducción de tasas y de inflación».

El Gobierno registró superávit financiero y primario en febrero

En esta línea, el trade off entre domar los precios y reactivar las fábricas se volverá el eje rector del Gobierno. «El dilema de fondo en nuestra economía es tan clásico como latente: inflación versus actividad«, señaló PPI, anticipando que esta tensión copará la agenda hacia 2027. «En el próximo test político, con la estabilidad de precios eventualmente tomada como ‘dada’, el electorado podría alterar sus preferencias y demandar mayor actividad económica y, especialmente, aquella que cree empleo», argumenta el reporte. Si bien el 2025 cerrará traccionado por un arrastre promedio del 4,3%, los analistas advierten que la estadística «no podrá tapar un nulo crecimiento entre puntas en 2026».

Este escenario ya está forzando recalibraciones en el equipo económico. Tras una primera etapa dominada por la prioridad antiinflacionaria y el mandato social, «ese equilibrio comienza a tensionarse». Según el análisis de MAP, el Gobierno «parece haber tomado nota» y comenzó a aplicar «una moderación incipiente del sesgo contractivo«, evidenciada en una menor absorción de liquidez y un tipo de cambio menos rezagado en sus últimas intervenciones.

El factor geopolítico: la guerra seca la plaza

El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente suma un escollo mayúsculo al esquema de estabilización. La escalada bélica empujó el precio del barril de crudo Brent por encima de los USD 90, mejorando los márgenes de exportación de Vaca Muerta, pero inyectando fuertes presiones inflacionarias y un duro castigo financiero para los emergentes.

Una intensificación del conflicto bélico o su mera prolongación en el tiempo podría derivar en un fuerte episodio de fly to quality. Esta salida masiva de capitales desde los mercados emergentes agregaría una severa presión cambiaria en toda la región, acorralando aún más a la macroeconomía argentina.

AM/ML

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