Eliseo Martínez, chef venezolano radicado en Argentina desde hace nueve años, fundó Diez Treinta, un restaurante y listening bar en Colegiales que combina cocina de autor, vinos de baja intervención, arte y música en vinilo.
Eliseo Martínez, chef venezolano de 41 años, dejó Venezuela hace nueve años y se instaló en Argentina. Actualmente dirige Diez Treinta, un restaurante y listening bar ubicado en Crámer 1030, en el barrio de Colegiales. El espacio, que abrió sus puertas en noviembre de 2025, ocupa un antiguo garaje reformado y ofrece cocina de autor, vinos de baja intervención, arte y música en vinilo.
Martínez explicó que la decisión de emigrar estuvo vinculada a la situación política y social de su país: «La situación sociocultural y política en Venezuela sin duda fue una de las razones fundamentales por las cuales me fui de mi país. Un país que en un principio nunca ofreció un futuro certero o, por lo menos, para nuestra generación». Se reconoce como parte de la diáspora venezolana, que según sus palabras supera los 8 millones de personas.
En Caracas, su ciudad natal, Martínez se formó como chef y trabajó con reconocidos cocineros locales, entre ellos Enrique Limardo, Tatiana Mora, Carlos García y Juan Luis Martínez. También desarrolló desde los 18 años una afición por la música y la colección de discos, que heredó de su abuelo. En Venezuela dejó más de 400 discos y en Buenos Aires conserva aproximadamente 300.
Al llegar a Argentina, trabajó durante casi dos años en Cantina Sunae. Luego emprendió con su pareja eventos a puertas cerradas, proyecto que se interrumpió por la pandemia. Más tarde, junto a los socios actuales, abrió Ruda Iberá, una cafetería en la que trabajaron con masa madre, panes y sándwiches, y organizaron pop-ups. Según Martínez, el espacio resultó limitado para su propuesta: «Creativamente no teníamos ni siquiera fuego, todo se hacía en un anafe eléctrico».
La búsqueda de un lugar más grande los llevó a Colegiales, donde encontraron un garaje abandonado que reformaron conservando su impronta industrial. El restaurante tiene capacidad para unas 28 personas en el salón y un deck exterior para 8 a 10. La cocina abierta permite ver la elaboración de los platos y una cava queda expuesta detrás de una estructura metálica.
Diez Treinta funciona de martes a sábado, siempre de noche. La propuesta busca que los comensales permanezcan en el lugar. La música se reproduce en vinilo todos los días, con un sistema de alta fidelidad, e incluye soul, jazz, funk, hip hop, reggae y música brasileña. Además, el espacio recibe DJs y coleccionistas para listening sessions, y funciona como pequeña galería para artistas y fotógrafos.
La gastronomía es ecléctica. Martínez la define como una cocina del mundo con ingredientes latinoamericanos y productos de temporada. El menú cambia cada dos o tres meses y se completa con platos fuera de carta. Entre los platos que se mantienen por pedido del público se encuentran las berenjenas «unagi», el tataki de bife de chorizo, el curry de langostinos y los hongos en textura.
La carta de vinos de baja intervención incluye pequeños y medianos productores de distintas regiones argentinas, como Mendoza, Jujuy, Córdoba y Patagonia. Martínez señaló que la idea es que la cocina y las bebidas compartan un mismo espíritu: «Productos menos obvios, productores pequeños y una búsqueda que se aparte de los recorridos gastronómicos más previsibles».
El restaurante abrió en un contexto de caída del consumo gastronómico. Martínez calcula que la disminución es de entre 30% y 40% respecto del año anterior. «Sentimos que bajó bastante el consumo, sentimos que ha estado mucho menos consistente», afirmó. El ticket promedio se ubica entre $35.000 y $40.000 por persona.
Martínez observó que, a pesar de la contracción, los bares y boliches con identidad mantienen público. Por eso, junto a sus socios, planea un nuevo proyecto en formato de bar, con barra, tragos de autor, música y eventos. Aún no hay ubicación ni fecha definidas.
Diez Treinta sostiene una estructura de siete personas. El chef indicó que su objetivo es ofrecer un espacio donde «puedas ir a comer comida muy rica, muy bien hecha sin que te rompan la cara con el precio y que puedas disfrutar el ambiente musical».
