domingo, 15 marzo, 2026

Crisis por la guerra: el Gobierno se atrinchera en el superávit y las reservas

La escalada del conflicto en Medio Oriente alteró el escenario internacional que acompañaba desde principio de año a la economía argentina y puso a prueba la solidez del programa económico.

El Gobierno asegura que su trinchera ante la tensión bélica global es la compra de reservas y el sostenimiento del superávit. Por el contrario, la actividad económica y la inflación muestran señales de alarma.

En ese contexto, la hipótesis que sobrevuela el mercado versa en que el país intenta hacer frente al shock externo con algunas fortalezas -como el superávit fiscal y la acumulación de reservas- pero también con fragilidades vinculadas a la inflación y a la dependencia de los flujos financieros.

Uno de los primeros reflejos de la tensión global se observó en los activos financieros. En esta cuestión hubo para el Gobierno una señal alentadora: el impacto negativo sobre la deuda argentina fue más moderado que el registrado en otros mercados emergentes.

Según el análisis de Portfolio Personal Inversiones (PPI), la referencia al complejo escenario internacional “atravesado por tensiones geopolíticas que impactan sobre los activos financieros” es clave para poner en perspectiva el comportamiento de los bonos soberanos argentinos.

La consultora señaló que los títulos argentinos mostraron una dinámica relativamente mejor dentro del universo emergente, es decir, los más comparables con la Argentina. En particular, indicó que los bonos Globales “vienen exhibiendo un desempeño superior al de buena parte de los soberanos que integran este segmento”.

Incluso lo puso en números al imaginar un escenario más áspero: si hubieran seguido el desempeño promedio de ese grupo, su precio debería ubicarse actualmente en torno a los US$76, frente a los US$77 observados en el mercado.

En ese escenario hipotético, la deuda argentina habría acumulado una caída cercana al 3,5% desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, mientras que en la práctica el retroceso fue de apenas 0,6%. La comparación sugiere que, pese al deterioro del clima financiero internacional, los activos locales resistieron relativamente mejor que otros países de perfil similar.

Oportunidad con una dosis de incertidumbre

Con eso dicho, parte de la discusión económica también plantea que el conflicto global introduce un nuevo factor de incertidumbre para la economía argentina, que de por sí ya atravesaba un proceso de estabilización con idas y vueltas.

Desde la consultora LCG señalaron que la guerra “le ha dado una dosis más de incertidumbre a nuestra economía”, en un contexto en el que todavía resulta difícil ponderar el balance final entre efectos negativos y positivos.

Entre los primeros, la firma mencionó la posible reversión de flujos de capital desde los países emergentes y el impacto sobre la actividad económica global. En el otro extremo, el encarecimiento de la energía podría generar beneficios en términos de saldo comercial, es decir, de ingreso de dólares. Actualmente, el precio del petróleo Brent llegó a operar por encima de los 100 dólares, lo que podría mejorar el ingreso de divisas.

Sin embargo, LCG advirtió que más allá del contexto internacional, la economía argentina continúa enfrentando desafíos estructurales. La consultora describió un escenario de “economía estancada, con pocos sectores pujantes y varios padeciendo la coyuntura”, al tiempo que la inflación habría frenado su desaceleración y “parece haberse enquistado en valores cercanos al 2,5-3% mensual”.

En ese marco, dos columnas sobre las que se apoya el programa económico del Gobierno son la acumulación de reservas del Banco Central y el mantenimiento del superávit fiscal. Son, precisamente, los dos elementos que el equipo económico considera decisivos para enfrentar un eventual deterioro del escenario global.

La consultora Econviews planteó que la guerra en Medio Oriente interrumpió el contexto internacional favorable que venía acompañando a la economía local. Según su análisis, el conflicto “le puso un freno al contexto internacional muy favorable en el que venía navegando la economía argentina”.

Ese centro de estudios advirtió que la actual estabilidad cambiaria depende, en buena medida, de los flujos de dólares financieros provenientes de emisiones corporativas y provinciales en el exterior. “Si ese canal se enfría por el ruido global, el equilibrio puede volverse mucho más frágil”, señalaron.

En ese sentido, los analistas remarcaron que una mejora en los precios de la energía y de los commodities agrícolas podría aportar mayores ingresos por exportaciones, aunque difícilmente alcance para compensar una eventual caída en los flujos financieros. Además, ese movimiento en los precios internacionales podría trasladarse a la inflación.

Aun así, Econviews destacó que el país está relativamente mejor que en otros momentos de crisis externas. “Argentina llega a este episodio en mejor posición que en otros momentos de estrés, con superávit fiscal y un Banco Central comprador, aunque todavía con reservas limitadas”, sostuvo la consultora.

El frente energético aparece como uno de los canales a través de los cuales el conflicto podría impactar con más claridad en la economía local. El aumento del precio del petróleo mejora la rentabilidad de las exportaciones de hidrocarburos, particularmente las vinculadas al desarrollo de Vaca Muerta, pero también eleva los costos internos del sistema energético.

Desde EcoGo señalaron que el nuevo escenario funciona como “un arma de doble filo”. Por un lado, mejora la rentabilidad de las exportaciones de petróleo; por el otro, encarece el costo de refinación local y también el de importación de gas natural licuado (GNL).

Ese movimiento podría trasladarse a los precios internos o generar presión fiscal si el Gobierno decide amortiguar el impacto mediante cambios en el impuesto a los combustibles o a través de mayores subsidios energéticos.

Al mismo tiempo, el encarecimiento de la energía llevó a revisar las proyecciones del balance energético para este año. Según EcoGo, el nuevo escenario de precios internacionales y los contratos vigentes permiten estimar un mayor superávit en el comercio del sector.

La consultora indicó que, tras la actualización de sus proyecciones, el superávit energético previsto para 2026 pasó de US$ 6.800 millones a una cifra cercana a los US$ 9.500 millones, lo que podría aportar un flujo adicional de divisas en medio del nuevo contexto internacional.

El Gobierno construyó con las compras de reservas del Banco Central y con un apretón del gasto público más fuerte en el arranque del año una «trinchera» para intentar quedar a salvo de la onda expansiva de la crisis global.

En la duración de la escalada bélica parece estar el fiel de la balanza que determine qué pesará más: si el beneficio de una entrada mayor de dólares o el perjuicio de un empuje mayor a la inflación, en un momento en que el Gobierno necesita exactamente lo opuesto.

Las «defensas» argentinas: qué piensa el Gobierno

Esta semana, desde Nueva York donde formó parte de la comitiva durante el Argentina Week, el ministro de Economía Luis Caputo dijo que en el Gobierno creen que la guerra será “de corta duración” y descartó que afecte demasiado al país: “El mayor escudo que podemos tener contra un shock externo, y que nunca Argentina hizo, es tener los números económicos en orden”.

Caputo dijo en declaraciones a Clarín en los Estados Unidos que “va a depender mucho de la duración. Esto no es como Rusia y Ucrania que se medían fuerzas. Acá se termina cuando Estados Unidos lo decida”.

Y agregó: “Ningún país está en condiciones de hacerle frente a Estados Unidos. En la medida que Estados Unidos vea que esto va a afectar su economía, seguramente va a tomar medidas más fuertes. Nosotros vemos que es un tema de corta duración y en función de la duración los efectos que tendrá”.

Consultado sobre si puede afectar el riesgo país argentino, el ministro señaló: “Nosotros seguimos trabajando para que el riesgo país baje y tener la economía en orden. El mayor escudo que podemos tener contra un shock externo, y que nunca Argentina hizo, es tener los números económicos en orden”.

“Si esto nos hubiera agarrado hace dos o tres años Argentina no hubiera durado ni una semana y hoy estamos bien y no hay ningún temor. Además, estamos bien aliados estratégicamente, geopolíticamente. Hace dos años nuestros aliados eran Venezuela e Irán y hoy son Estados Unidos e Israel. Por primera vez en 80 años estamos del lado correcto de la historia”.

Por su parte, el secretario de Finanzas Federico Furiase planteó que «Argentina está bien posicionada, (la tensión internacional) la agarra con buenos fundamentos macroeconómicos, superávit fiscal, Banco Central recapitalizado, bajos ratios de deuda». Además, mencionó que el riesgo país argentino varió menos que el riesgo general de los países emergentes comparables.

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