El riesgo país volvió a ubicarse por encima de los 600 puntos y los bonos soberanos en dólares operan en sus peores niveles desde las elecciones de 2025. La consultora 1816 sostuvo que el futuro es incierto y señaló que el problema central es la acumulación de reservas y la capacidad de reabrir el financiamiento en dólares.
El riesgo país superó nuevamente los 600 puntos este mediodía, al ubicarse en 602, mientras los títulos soberanos en dólares operan en sus peores niveles desde las elecciones de 2025. La consultora 1816, una de las más influyentes entre bancos y grandes fondos de inversión, publicó un informe en el que afirmó: «El futuro es incierto».
El diagnóstico no apunta a un riesgo inmediato de default. Los analistas sostienen que la deuda de 2027 es pagable aun si el mercado voluntario permaneciera cerrado. La preocupación se centra en la capacidad del Gobierno para conseguir dólares frescos, fortalecer las reservas y llegar con margen financiero al próximo mandato.
¿Qué cambió en pocas semanas para que suba el riesgo país?
La consultora recuerda que a mediados de julio el Global 2035 rendía menos de 8,75% y el mercado descontaba que el Tesoro podría volver a emitir deuda en el exterior antes de las presidenciales de 2027. Hoy ese mismo bono rinde 11%, un salto que refleja una fuerte caída en su precio.
Según 1816, el deterioro tiene dos explicaciones. La primera es internacional: la suba de las tasas de los bonos del Tesoro norteamericano encareció el financiamiento para todos los mercados emergentes. La segunda es exclusivamente argentina: el riesgo país pasó de la zona de 400 puntos a superar los 570 en poco más de dos meses, un comportamiento mucho peor que el observado en el resto de América Latina. Esa diferencia lleva a 1816 a hablar de factores «idiosincráticos»: problemas propios de la Argentina y no simplemente un cambio en el humor global.
El verdadero problema son las reservas
El núcleo del informe está en el Programa Financiero presentado por Caputo en julio. Allí el Gobierno proyectó que durante 2027 utilizaría unos u$s3.700 millones del remanente del Tesoro, compraría otros u$s4.900 millones al Banco Central y, además, colocaría u$s5.000 millones en nuevos Bonares.
Con esos supuestos, la presión total sobre las reservas ya ascendía a u$s12.600 millones, prácticamente el mismo monto que hoy representan las reservas netas del BCRA, estimadas por la consultora en u$s11.900 millones.
El problema es que ese cálculo suponía un mercado dispuesto a prestarle nuevamente a la Argentina. Si los bonos siguen rindiendo cerca de 11% y el Tesoro no logra emitir esos u$s5.000 millones previstos, la presión sobre las reservas será todavía mayor.
Menos compras del Banco Central, más castigo a los bonos
1816 introduce además un dato que explica parte del sell-off reciente. Durante los primeros ocho meses del año el Banco Central realizó compras extraordinarias de divisas en el mercado oficial, comparables únicamente con las de 2024. Sin embargo, en septiembre esas intervenciones se volvieron prácticamente marginales.
Para los analistas, la relación es directa: cuanto más difícil resulta colocar deuda en dólares, más importante se vuelve que el BCRA acumule reservas mediante compras en el mercado cambiario. La desaceleración de ese proceso dejó al mercado con menos confianza sobre el «blindaje» financiero del programa económico.
El factor que inquieta a Wall Street
La consultora también incorpora un elemento que hasta hace pocas semanas aparecía en segundo plano: la incertidumbre electoral. Aunque reconoce que la imagen del presidente Milei se estabilizó, sostiene que el panorama político de 2027 sigue siendo demasiado abierto y eso alimenta el recelo de los inversores.
A ese contexto se sumó el dato del EMAE de julio, con una caída mensual de 2,9%, la peor desde la pandemia. Para 1816, ese número refuerza la idea de una economía con fuertes divergencias sectoriales y un nivel de actividad que continúa moviéndose con forma de «serrucho», sin lograr un despegue sostenido.
El mensaje final de la consultora es claro: no ve un riesgo de impago en 2027, pero considera que la acumulación de reservas y la posibilidad de reabrir el financiamiento en dólares serán determinantes para atravesar la volatilidad cambiaria del año electoral y, sobre todo, para enfrentar los pesados vencimientos de deuda de 2028. En otras palabras, el problema no es la caja de mañana, sino la credibilidad del día después.
