El economista Miguel Kiguel, director de EconViews, señaló que el Gobierno enfrenta cuatro desafíos simultáneos: el cambiario, el financiero, el de la actividad económica y el fiscal. El Banco Central redujo sus compras de divisas en septiembre.
El Banco Central compró u$s12 millones en el mercado al inicio de la semana, una cifra que, según el economista Miguel Kiguel, director de la consultora EconViews, marca una tendencia. Desde el comienzo del mes, la autoridad monetaria acumuló la tercera parte de las divisas adquiridas durante agosto, que a su vez representaron menos de la mitad que en julio.
La acumulación de reservas es un dato clave para los financistas, ya que de ella depende la capacidad de Argentina de cumplir con los compromisos de deuda del próximo año. Sin acceso a los mercados internacionales, el país debe obtener dólares por otras vías.
El diagnóstico de Kiguel
Kiguel, economista considerado cercano al pensamiento económico del oficialismo, elaboró un diagnóstico que enumera cuatro desafíos simultáneos para que el Gobierno llegue competitivo al año electoral.
El primero es el cambiario. Tras un inicio de año en el que el Banco Central acumuló más de u$s14.000 millones, en septiembre las compras diarias cayeron con fuerza. El Gobierno busca mantener el dólar lejos del techo de la banda, ubicado en torno a los $1.900, mientras necesita engrosar reservas.
Kiguel sostuvo que existe margen para seguir acumulando dólares si reaparecen los flujos financieros y el contexto internacional acompaña, pero advirtió que sería un error relajarse cuando las materias primas ofrecen una ventana favorable.
El segundo frente es el financiero. Según el economista, el Tesoro deberá comprarle alrededor de u$s5.000 millones al Banco Central y conseguir cerca de u$s8.000 millones mediante colocaciones para cubrir los compromisos del próximo año. El riesgo país volvió a subir en las últimas semanas, lo que encarecería la emisión de deuda.
El tercer desafío es la actividad económica. Kiguel afirmó que la economía necesita reaccionar porque la desaceleración inflacionaria no alcanzaría por sí sola para mejorar el humor social. Datos oficiales muestran caídas mensuales de 5% en la industria y de 4,6% en la construcción durante julio, mientras el empleo registrado retrocedió y el crédito permanece estancado.
El propio Gobierno implementó medidas como la flexibilización de créditos hipotecarios y el impulso al financiamiento en dólares. Kiguel consideró que esas medidas ayudan, pero no alcanzan para una reactivación potente si no crece el crédito y no se recupera el salario real.
El cuarto desafío es el equilibrio fiscal. Para Kiguel, una desaceleración de la actividad afecta la recaudación y advirtió sobre el riesgo de un círculo en el que menos crecimiento obliga a nuevos ajustes. Un reporte del IARAF, dirigido por Nadín Argañaraz, detectó que el Gobierno aplica ajustes permanentes en el gasto público para compensar la caída real de la recaudación tributaria.
Kiguel sostuvo que, cada vez que el Gobierno debió elegir entre impulsar la actividad o profundizar la desinflación, optó por lo segundo, y no espera cambios de aquí a las elecciones. Su escenario base prevé que la inflación continúe descendiendo durante los próximos meses.
