El caso Koldo y la amnistía negociada con Puigdemont generan tensiones en el partido socialista, que teme un contagio a otros dirigentes y un desgaste de su imagen pública.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, enfrenta un escenario complejo tras la irrupción del caso Koldo, una trama de corrupción que salpica a figuras clave del PSOE. La situación se suma a la ya delicada negociación de la amnistía con Carles Puigdemont, que abre frentes de conflicto tanto con la oposición como con sectores internos del partido.
Desde el Partido Popular elevan el tono, acusando a Sánchez de liderar «una organización criminal», mientras que en el seno socialista crece la inquietud por un posible efecto dominó que involucre a más dirigentes. La figura del exministro José Luis Ábalos, otrora aliado leal de Sánchez, se convierte en un punto crítico: sus declaraciones podrían agravar la crisis.
«Ábalos puede hablar y, aún diciendo mentiras, tiene en sus manos las chances de hacer mucho daño», confiesa una fuente socialista. En Ferraz reconocen que «no nos entran más problemas internos» y buscan contener el impacto, mientras la oposición aprovecha para desgastar al gobierno de coalición.
La mirada está puesta en la capacidad de Sánchez para resolver el conflicto puertas adentro y evitar que la narrativa de corrupción se instale en el debate público. La crisis llega en un momento de alta polarización política, y cualquier paso en falso podría profundizar el desgaste del Ejecutivo.
