La cápsula Orion de la NASA, con sus cuatro astronautas a bordo, amerizó sin contratiempos en el Pacífico tras completar un viaje de más de 1.1 millones de kilómetros. El operativo marcó el regreso de una misión tripulada a la vecindad lunar después de más de medio siglo.
La misión Artemis II culminó con éxito total cuando los equipos de rescate de la Marina de los Estados Unidos y la NASA lograron abrir la escotilla de la cápsula Orion, tras un periplo de más de 1,1 millones de kilómetros por el espacio profundo. El operativo, desarrollado en aguas del océano Pacífico, marcó el regreso de la humanidad a las cercanías lunares después de más de 50 años de ausencia.
El momento de mayor tensión se vivió en los segundos previos a la apertura de la nave, que presentaba marcas extremas de desgaste y quemaduras producto de los 2.700 °C soportados durante el reingreso atmosférico. La señal definitiva de alivio llegó desde el interior de la cabina: la clave «Cuatro verdes» fue el código utilizado por los rescatistas para confirmar que los cuatro astronautas se encontraban conscientes y en perfecto estado de salud.
La tripulación, integrada por el comandante Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, fue recibida con un efusivo «bienvenidos a casa» apenas se liberó la compuerta. Los astronautas debieron soportar durante el descenso fuerzas de gravedad cuatro veces superiores a las de la Tierra, completando un hito que reabre el camino para el próximo desembarco humano en la superficie lunar.
Antes de iniciar el descenso, la tripulación dedicó jornadas completas a la preparación. Ensayaron procedimientos de emergencia y se sometieron a rigurosas pruebas de equipamiento. Cada detalle cuenta cuando la vida depende de un sistema de paracaídas y un escudo térmico sin margen de error. El astronauta Victor Glover describió el reingreso como «montar una bola de fuego a través de la atmósfera». La metáfora ilustra la intensidad de lo que sucedió cuando la nave comenzó su caída desde más de 120.000 metros de altura.
Según Glover, los instantes previos a la secuencia de reentrada son los más esperados y exigentes para cualquier miembro de una tripulación espacial. Los preparativos incluyeron una maniobra de corrección de trayectoria mediante un breve encendido de motores. Esto permitió ajustar el ángulo preciso de entrada atmosférica. Rick Henfling, director de reingreso, lideró las pruebas de trajes especiales que estabilizan la presión arterial y la circulación sanguínea tras semanas en microgravedad.
El día previo a la reentrada, la tripulación maniobró manualmente la nave. Posicionaron la Tierra en una de las ventanas de la cabina y orientaron el módulo hacia el Sol para maximizar la generación eléctrica. Con estos ajustes, revisaron minuciosamente cada etapa del protocolo. El objetivo es ordenar cada paso del descenso, reducir margen de error y asegurar que los sistemas críticos respondan cuando ya no haya vuelta atrás.
La tripulación de la misión Artemis II marcó un nuevo capítulo en la exploración espacial al capturar una impactante serie de fotografías durante su sobrevuelo por la cara oculta de la Luna. Entre los registros destaca una «puesta de Tierra» obtenida el lunes 6 de abril, una imagen que evoca a la histórica fotografía «Earthrise» (Amanecer de la Tierra) tomada hace 58 años por el astronauta Bill Anders durante la misión Apolo 8.
La nave Orion alcanzó una distancia máxima de 252.756 millas (unos 406.770 kilómetros) respecto de nuestro planeta, estableciendo un nuevo récord de alejamiento para una misión tripulada. En su fase de mayor proximidad al satélite natural, los astronautas se situaron a tan solo 4.070 millas de la superficie lunar, lo que permitió obtener detalles de alta precisión de la geografía del lado oscuro.
