La morosidad en créditos familiares llegó al 11,2% en febrero, el valor más alto desde 2004. Bancos y billeteras digitales implementan planes de refinanciación y consolidación de deudas para acompañar a los clientes.
La morosidad familiar alcanzó el 11,2% en febrero, según datos de la Central de Deudores del Sistema Financiero (CENDEU) del Banco Central. Este nivel representa el más alto desde 2004 y marca la decimosexta suba consecutiva en el indicador de atrasos de pagos. Entre enero y febrero, la irregularidad en los créditos familiares aumentó 0,6 puntos porcentuales, reflejando una aceleración en la dificultad de los hogares para cumplir con sus compromisos financieros.
La situación es más crítica en el segmento de entidades no bancarias y plataformas fintech, donde la morosidad alcanzó el 30% en febrero. En algunos casos, según informes privados, este indicador escala hasta el 36%. Mercado Pago, por ejemplo, registró un aumento significativo, pasando de una irregularidad del 5,5% al 14,7% en las últimas cifras disponibles.
Frente a este escenario, los principales bancos del país han diseñado mecanismos específicos para evitar la exclusión financiera de sus clientes. El Banco Provincia implementó una estrategia basada en la prevención del sobreendeudamiento y la intervención temprana. Ofrece líneas de refinanciación con plazos de hasta 72 meses y una tasa fija del 81,78% nominal anual. Para quienes perciben hasta tres salarios mínimos, existe un programa especial con una tasa reducida del 40,89% y plazos de hasta 60 meses.
Por su parte, el Banco Nación centra su política en ofrecer alternativas de pago y planes de refinanciación flexibles, casi individuales. Esta entidad impulsa su línea de consolidación de deudas, un préstamo diseñado para unificar todas las obligaciones en una sola cuota mensual, generalmente más baja que la suma de los pagos originales. La propuesta está dirigida principalmente a quienes cobran su sueldo o jubilación en el banco y la cuota no debe superar entre el 30% y el 35% de los ingresos.
El panorama refleja la presión sobre la capacidad de pago de las familias en un contexto de persistente pérdida del poder adquisitivo, llevando la morosidad a su punto más crítico en veinte años.
