La dieta basada en alimentos crudos o mínimamente procesados gana adeptos en el país, impulsada por la búsqueda de bienestar. Expertos analizan sus beneficios y advierten sobre posibles riesgos nutricionales.
La alimentación raw, también conocida como ‘alimentación viva’, propone consumir alimentos sin cocción o expuestos a temperaturas que no superen los 40-50 grados. Según sus promotores, como Adriana Nielsen, directora de Raw Club Orgánic Buenos Aires, este método conserva la ‘energía vital’, enzimas y nutrientes de los alimentos, que podrían perderse parcialmente con la cocción tradicional.
Lejos de limitarse a ensaladas, esta corriente busca reinterpretar platos clásicos en versión vegetal y sin cocción, utilizando técnicas como el deshidratado, la fermentación y los germinados. Algunas preparaciones incluyen pastas de zucchini, pizzas de vegetales, quesos de semillas y postres gourmet.
«El objetivo no es eliminar el placer gastronómico, sino resignificarlo», explica Nielsen. La tendencia se enmarca en el auge más amplio de lo plant-based, los productos naturales y las experiencias wellness.
Sin embargo, desde el ámbito médico se plantean matices. El Dr. Marcelo Suárez, especialista en Clínica Médica, reconoce beneficios asociados al consumo de alimentos sin cocción, como el aporte de nutrientes puros, pero advierte sobre los riesgos de una adopción estricta y prolongada.
«Una dieta exclusivamente raw puede generar déficits nutricionales relevantes, como falta de vitamina B12, hierro o ácidos grasos esenciales», sostiene. Además, señala que no está indicada para grupos sensibles como niños, adolescentes, embarazadas o deportistas. Su recomendación es incorporarla como parte de una dieta variada, no como única fuente de alimentación.
A pesar de las advertencias, el movimiento continúa creciendo en Argentina, identificándose avances en la gastronomía vegana, la expansión de productos naturales y el ámbito del wellness.
