La escudería Red Bull vivió una jornada para olvidar en el circuito de Suzuka durante la clasificación para el Gran Premio de Japón. Max Verstappen, actual campeón del mundo de Fórmula 1, no pudo superar la Q2 y partirá desde una inusual decimoprimera posición. El motivo principal fue un cambio radical en el comportamiento de su automóvil, que pasó de ser competitivo en los entrenamientos matutinos a convertirse en una montura ingobernable por la tarde.
Un cambio desastroso en la configuración
Según informaron fuentes técnicas del equipo, el problema se originó tras modificar la configuración del monoplaza entre la tercera práctica libre y la sesión clasificatoria. Los ingenieros buscaban aumentar la carga aerodinámica ajustando la rigidez de la suspensión trasera. Sin embargo, esta decisión tuvo un efecto contrario al deseado, generando un salto excesivo del tren posterior en las zonas de alta velocidad.
La furia del tetracampeón
Verstappen no ocultó su frustración por radio durante la sesión. «Es imposible conducirlo», se le escuchó decir al piloto, quien describió la sensación como tener un auto que «da saltos en cada curva». La falta de estabilidad en la parte trasera le impidió atacar con confianza las famosas ‘eses’ de Suzuka, un sector donde la precisión es fundamental.
Problemas técnicos en cadena
El fenómeno del salto, conocido como ‘porpoising’ o ‘rebote’, interrumpía bruscamente el flujo de aire bajo el suelo del coche cada vez que este tocaba el asfalto. A esta inestabilidad se sumó una preocupante falta de rotación en las curvas de velocidad media, provocando un subviraje crónico que los ajustes al alerón delantero no lograron compensar.
Mientras Verstappen lucha con su máquina, el argentino Franco Colapinto largará desde la decimoquinta posición. Por su parte, el italiano Kimi Antonelli se alzó con la pole position. Para Red Bull, la prioridad ahora es revertir la situación de cara a la carrera, donde la fiabilidad y la estrategia podrían ser factores clave para recuperar posiciones.
