domingo, 18 enero, 2026

Advertencias de EE.UU. respecto a relación económica de Argentina y China

La fobia de Estados Unidos hacia China y la preocupación por su liderazgo en minerales críticos, necesarios para la energía, la inteligencia artificial y la defensa, tiene un capítulo local. Documentos norteamericanos advierten que Argentina está entre los 20 países que más reciben ayuda crediticia desde la nación asiática y que empresas de ese origen podrían “tomar el control efectivo” de la infraestructura minera local.

Es cierto que la intervención de Donald Trump en Venezuela le habilita el acceso directo a sus compañías a la inagotable fuente de hidrocarburos de la Faja del Orinoco y honra un interés concreto. Sin embargo, la mayor satisfacción del republicano es evitar que ese crudo recale puertos de China, su rival en la hegemonía del mundo y proveedor dominante de insumos estratégicos para la industria moderna.

El último Outlook de la Agencia Internacional de Energía de EE.UU. alerta que “el riesgo clave para los minerales críticos es la alta concentración del mercado: un solo país (China) es el refinador dominante para 19 de los 20 minerales estratégicos relacionados con la energía, con una participación de mercado promedio de alrededor de 70%”.

El mismo documento da información precisa del dominio chino sobre esos productos necesarios para la fabricación de chips, cables, baterías, paneles solares y otros productos más complejos que los norteamericanos requieren vitalmente.

Con más del 90%, Beijing lidera la refinación de grafito, manganeso, tierras raras, galio y tiene el control de otros varios minerales como litio, cobalto y molbideno. La alta tecnología, las energías renovables y las industrias aeroespacial y de defensa necesitan estos productos.

La seguridad energética del mundo –disponibilidad de petróleo y gas—es sólo una inquietud y menos novedosa para la International Energy Agency.

En el año 2000 el parlamento estadounidense creó la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China cuyo reciente reporte reconoce a la Argentina como un productor “importante” de minerales, postulándolo como proveedor alternativo (junto a otros como Brasil, India, Indonesia, Namibia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Vietnam y Zambia).

Los mismos congresales subrayan que, en el caso del litio, China tiene una participación del 46,7% en el yacimiento jujeño Caucharí-Olaroz (mediante la empresa Ganfeng Lithium) que, sumada al 22% de la Sociedad Química y Minera de Chile S.A, le otorga “el 72% de la capacidad mundial de procesamiento”.

Y esa referencia no computa la sociedad de Ganfeng con una trasnacional suiza que acaba de obtener licencia ambiental para Pozuelos-Pastos Grandes, otro yacimiento de litio pero en Salta.

La Comisión reconoce que ésto implica para Argentina el beneficio de la tecnología asiática y su integración al mercado mundial. Pero alerta que las firmas locales “también corren el riesgo de otorgar a China un control efectivo sobre la infraestructura minera de Argentina”.

No sólo la Agencia Internacional de Energía y el Congreso estadounidense agitan el fantasma asiático.

El centro de investigación sobre el desarrollo internacional de la universidad estadounidense William & Mary, AidData, publicó a fines de noviembre un análisis sobre préstamos y ayudas financieras otorgadas al mundo entre 2000 y 2023 por el país gobernado por Xi Jiping, que incluye un ránking de beneficiarios.

La nómina de los 20 destinatarios más importantes está liderada por los EE.UU., cuya deuda con la nación oriental supera los 200.000 millones de dólares.

Venezuela está en el puesto 4 y Argentina en el lugar 12, con una particularidad destacada por el reporte: el uso de instrumentos de crédito “no tradicionales”.

En este punto se menciona el swap chino en yuanes por el equivalente a 18.000 millones de dólares, con el destacado de “la confidencialidad” que rodeó sus términos y condiciones y el añadido de los acuerdos sindicados de 1.000 y 2.000 millones adicionales al Banco Central del año pasado.

El análisis de AidData, titulado Seguimiento a China: aprendiendo a jugar con las reglas de préstamos globales de Beijing, considera que esta es una forma de endeudamiento «opaca» y «costosa», por vencimientos a 2 y 3 años con tasas de interés totales de entre 8 y 9% anual en dólares.

Desde la óptica internacional, el hallazgo más potente del estudio quizás sea su afirmación de que China reemplazó paulatinamente las asistencias a países pobres o préstamos para infraestructura por créditos a países más ricos, con foco en compra de empresas tecnológicas.

Un viraje que, según el estudio, es imitado por G7, núcleo occidental de países ricos, que últimamente asiste más a economías con mayor grado de desarrollo.

Según la William & Mary, los fondos con los que EE.UU. auxilió al gobierno de Javier Milei antes de las elecciones de medio término son una prueba de esta nueva estrategia global, ya que Argentina está ubicada entre “países de ingresos medios” y no bajos.

El alineamiento libertario a la política de Trump no exime al gobierno local de disyuntivas. Por el contrario, lo somete a la gran presión de ponerle frenos a uno de sus principales socios comerciales.

China es el primer proveedor externo y el segundo destino de las exportaciones locales, cuyo crecimiento potencial es muy tentador.

Hace pocas semanas partió desde el puerto santafesino de Timbúes la primera exportación de trigo y se inauguraron despachos de nueces pecan, sólo por citar nuevas conquistas en aquel mercado.

A fin de noviembre la disposición 42/2025 de la Subsecretaría de Transporte Aéreo del Ministerio de Economía autorizó a China Eastern Airlines “a explotar servicios regulares de transporte aéreo internacional de pasajeros y cargas”, entre otros recientes hitos comerciales compilados en detalle por el último informe del Observatorio China de la Cámara de Exportadores de la República Argentina, que comanda Fernando Landa.

Si bien el comercio bilateral es deficitario (algo en sí mismo ni bueno ni malo), desde julio en adelante las ventas locales a China crecieron a razón de más de tres dígitos mes a mes en la comparación interanual, según destaca CERA.

Esa vigorosa dinámica no excluye algunos ajustes que el gobierno local intenta invocando la competencia desleal o reservas del área militar.

Tal vez más por presión de la industria local que por disciplinamiento a Washington, la gestión libertaria está observando y demorando el ingreso de tubos chinos para la infraestructura petrolera y estaría haciendo lo propio con la importación de un radiotelescopio para observación espacial.

Es una relación desafiante y potencialmente muy próspera, que el ex presidente Mauricio Macri reivindicó días atrás con el argumento de que se trata de economías complementarias, ya que Argentina tiene las materias primas que China necesita pero que EE.UU. también produce.

“A pesar de la presión de (Barak) Obama y (Donald) Trump, que fue tremenda… logré decirles que somos mejores amigos pero que a la relación con China la mantengo. No hay que interrumpir ese proceso”, opinó públicamente el ex mandatario del PRO.

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