Epecuén, la ciudad que naufragó, perdió a su último habitante

Situada en el interior de la provincia de Buenos Aires, más cerca de La Pampa que del Congreso Nacional, Villa Epecuén se fundó en la nada misma. A 7 kilómetros de Carhué, el pueblo más cercano, Villa Epecuén nació a comienzos del siglo pasado, entre inmigración, ferrocarriles y una laguna, que sería la que le daría nombre al pueblo, y la que haría que este fuese un punto turístico como ningún otro en la zona.

Uno de los motivos de este turismo fueron, sin dudas, las buenas temperaturas del Lago Epecuén. Además de ser aguas termales, poseen altos niveles de salinidad, similares a los del Mar Muerto (esto es, entre 350 y 370 gramos de sal por litro de agua). Todo eso generó un ambiente ideal para estar en familia en los calurosos días de verano y, de paso, tratar cualquier dolencia reumática. Por años, de hecho, el lago Epecuén fue más un atractivo para quienes buscaban recuperar la salud que para los adoradores del sol. 

Un comienzo prometedor

El 21 de enero de 1921, hace más de 100 años, el abogado y político del Partido Conservador, Arturo Dalmacio Vatteone inauguró el primer balneario de la zona, el cual recibió el nombre de “Mar de Epecuén”. Poco a poco la zona comenzó a poblarse, en gran parte, gracias al loteo de muchas de las tierras de la zona. 

Otro factor clave que influyó en el rápido desarrollo del pueblo fue, como el de muchas otras localidades de nuestro país, el ferrocarril. En aquellos años, el antíguo Ferrocarril Oeste (hoy conocido como Tren Sarmiento, el que conecta la zona oeste con Once) tenía entre sus estaciones la denominada “Lago Epecuén”, que con la creación del pueblo comenzó a ganar importancia dentro del recorrido. A su vez, la localidad vecina de Carhué tenía conexión con el Ferrocarril Midland y con el Ferrocarril Sud. El acceso a la villa, asegurado. 

Estación Lago Epecuen
La antigua estación Lago Epecuen,hoy sin uso 

En menos de 10 años y para comienzos de la década del 30’, Epecuén ya tenía todo y más de lo que cualquier pueblo de la época tenia: hoteles de lujo, gastronomía, e industrias principalmente destinadas a la explotación de Sal del Lago.

La pesadilla que se convirtió en realidad

Entrada la década de los 1970, Epecuén era el lugar elegido por miles de argentinos para pasar sus vacaciones. Con una población estable de 1500 personas (varias son las fuentes que difieren y alegan que en Epecuén vivían al menos, 1800 personas), entre los meses de enero y febrero este número ascendía hasta las 25.000 personas, una cifra increíble para esa época. Para ponerlo en estadísticas: en los veranos, la población de Epecuén aumentaba en un 1.700%, un porcentaje que a día de hoy, es récord en nuestro país. Pero lo bueno duró poco.

Villa Epecuen en los 70
Verano en Villa Epecuén en la decada de 1970

A comienzos de 1975, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires comenzó la construcción del canal Ameghino, con el objetivo de poder regular el caudal de todas las lagunas de la región (no sólo la de Epecuén). Aunque sonaba bien, un descenso del caudal de la laguna de Epecuén traía consigo un descenso del turismo y de la actividad económica en sí. El último golpe cívico militar generó que las obras se detuvieran y fueran abandonadas.

Para 1980, la situación era ya inestable. En ese contexto, el clima terminó decidiendo la suerte de la localidad. Aquella vez, fuertes lluvias hicieron que la laguna creciese 60 cms por año, lo que suponía una amenaza para el pueblo. Aún con una defensa contra el agua, poco se pudo hacer.

El histórico, y catastrófico, desborde del Río Salado en 1985 puso en jaque a miles de personas y millones fueron las pérdidas económicas. El 10 de noviembre, le llegaría el turno a Epecuén. En un abrir y cerrar de ojos, el terraplén cedió y el agua entró al pueblo, inundándolo en apenas minutos. Luego de 15 días intensos de evacuación y cobertura por parte de los medios de comunicación,

Epecuén había quedado bajo el agua,y sus habitantes, desplazados a Carhué. En los próximos años, la situación sólo empeoró. El agua siguió creciendo y las ruinas del pueblo no pudieron verse durante más de 20 años. Recién a comienzos del 2010, las primeras casas y calles volvieron a emerger. Pero entre toda esta oscuridad, alguien vio algo de luz y esperanza. Su nombre era Pablo Novak.

Una vida de película

Pablo Novak nació el 25 de enero de 1930. Fue el hijo del ladrillero de Epecuén y tuvo doce hermanos. Él y su familia vivieron en carne y hueso el comienzo y el final de Epecuén. Cuando en noviembre del 85 ocurrió la tragedia, junto a su familia fueron trasladados a Carhué, donde todos comenzaron una nueva vida, salvo Pablo, que siempre supo que su corazón estaba en Epecuén, ya sea en tierra o bajo el agua. 

Pablo se instaló en una de las pocas edificaciones que aún seguían de pie, y ahí, entre tanta soledad, comenzó a andar en bicicleta y a caballo, a escuchar la radio y tener algunas crías de venado. Así y todo, Pablo y su señora formaron una gigantesca familia: tuvieron 10 hijos, fue abuelo de 25 nietos y bisabuelo de otros 9.  Él nunca salió de Epecuén. Vivía en el pueblo fantasma mientras su familia e hijos estaban en Carhué. Junto a su perro Chozno, vivió sus últimos años de vida, llenos de cámaras, entrevistas y salidas en los medios, algo que nunca hubiese imaginado.

Su increíble historia hizo que muchos fueran hasta Epecuén para poder charlar y conocer a Don Pablo. Con buscar “Pablo Novak Epecuén” en Youtube, cientos son los videos -tanto en español como en otros idiomas- donde se lo ve hablando de su vida, su pueblo y sus pasatiempos. Entre tantos archivos, destacan el video que hizo el youtuber mexicano Luisito Comunica, el cual cuenta con más de 20 millones de visitas y una publicidad de la bebida energética Red Bull, donde se lo ve a Pablo andando en su bicicleta entre ruinas y junto a su perro, su leal compañero. 

Luisito Comunica junto a Pablo Novak
El youtuber mexicano Luisito Comunica junto a Pablo Novak hace 4 años. 

En 2020 se quebró la cadera, y junto al comienzo de la pandemia, debió ser enviado a un geriátrico en Carhué, donde su familia regularmente iba a visitarlo. Ese mismo año, fue reconocido como Embajador Cultural y Turístico de la región. Luego de recuperarse y tras una huelga de hambre donde Pablo solicitaba una bicicleta para volver a Epecuén, en 2021 pudo regresar a su casa.  

Pasó sus últimos días leyendo diarios y recibiendo a los visitantes como siempre hacía, y con increíbles historias para contar. El 22 de enero pasado, a 3 días de cumplir 94 años, Pablo Novak abandonó el mundo terrenal, pero no algo que nunca podría abandonar: su hogar, su querido Epecuén.

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Don Pablo Novak, el ultimo habitante en Epecuen | Foto:A quien corresponda

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