Dispersión de precios, un dolor de cabeza para la gente y una tarea pendiente para el próximo Gobierno

Como producto de la alta inflación, persistente durante tanto tiempo, la disparidad en los precios de la economía se instaló definitivamente en los comercios. Una de las formas cotidianas de constatarlo es al analizar los tickets de compra de los alimentos, por ejemplo. En este rubro, la brecha entre el precio que el consumidor puede pagar por un mismo bien en un comercio o en otro, se fue profundizando en los últimos tiempos al compás de una inflación que hoy llega al 142,7% interanual.

En el caso de las verduras, por ejemplo, la disparidad entre los valores puede superar el 150%. En principio, podría suponerse que los precios en las verdulerias de barrio, tal como sucedió historicamente, son más económicos que en los supermercado (donde el desperdicio es mayor por la modalidad de venta) Sin embargo, ya no es tan asi, a menos que el consumidor tenga la suerte de encontrar en las góndolas, las frutas y verduras con Precios Cuidados.

Según la lista de productos incluídos en el programa, con precios congelados vigentes hasta el 30 de noviembre, el kilo de papa negra cuesta $599, los tomates $649; la cebolla, $279, el kilo de manzanas, $599 y el de bananas $899.

Descartando la posibilidad de comprar los alimentos a esos precios, una recorrida de Clarin por distintas cadenas de supermercados, permitió detectar que el precio de las cebollas oscila entre $279 y $399. Las papas, pueden arrancar en los $599 según el precio oficial pero llegar a los $1119 en algún caso.

precios Las brechas más importantes, en este sentido, se detectan en las frutas: las manzanas, pueden trepar hasta los $1590 el kilo, es decir más que duplicar el precio sugerido en el programa oficial. Y las bananas, según sea la variante “nacional” o “elegida”, puede pagarse un 65% más, de acuerdo con la cadena donde se compre.

Desde ya, explica el economista Juan Pablo Ronderos, “los procesos de alta inflación como el que experimenta la economía argentina suelen estar acompañados por una significativa dispersión de precios. Así, los artículos que integran la canasta de consumo presentan una alta variabilidad en sus valores, incluso cuando se trate de bebidas y alimentos envasados, de marcas y presentaciones idénticas», dice.

Según el analista, «la velocidad de variación de los precios y la falta de coordinación informativa es tal que suele dejar sin referencias al consumidor, pudiendo observarse diferencias de valores entre distintos canales de venta y detectarse también brechas de precios en comercios de cercanía o de una misma zona (más allá de las discrepancias en distintas localizaciones geográficas)».

l nivel de desconocimiento que tienen los consumidores acerca del valor de cada producto, así, incide directamente sobre el nivel de dispersión existente. Una reciente encuesta de la consultora ShopApp, que preguntó a un grupo de consumidores cuál era el precio de un conjunto de productos de consumo masivo, reveló que la percepción de los precios estaba distorsionada en más de un 200%.

Al ser consultado sobre el tema, el economista Santiago Manoukian, de la consultora Ecolatina, opina que el tema precios es el principal desafío de la economía para la futura administración. «El punto de partida en materia inflacionaria será elevado (superando los dos dígitos mensuales) y con una considerable inercia difícil de desactivar, acompañada por una marcada una distorsión de precios relativos (salarios, tarifas, dólar, bienes y servicios privados, etc.) que tarde o temprano debe ser atendida”, dice.

Segun el economista, «la corrección de precios relativos es una condición necesaria para el éxito de un programa de estabilización, como muestra la evidencia histórica. Ahora bien, los atrasos de precios implican actualmente que existe «inflación reprimida»: la corrección de la distorsión de precios relativos será inflacionaria en el arranque, por lo cual antes de descender de los niveles actuales, la inflación tendrá que ser más alta», advirtió.

«La clave pasará por un sólido diseño e implementación de un programa de estabilización que, con gobernabilidad, credibilidad frente al mercado y reformas que lo sustenten genere un cambio rotundo en las expectativas y recupere la confianza y la reputación en las instituciones», deslizó el analista.

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