Voces que no existen, gestos raros y delirios de persecución: cómo era vivir con el asesino del Malba

La escena es en la vereda de Paraguay 1536. Carolina Zambrano, viuda del policía federal Juan Pablo Roldán (33), llora desolada a la salida de la última audiencia del juicio contra Jorge Monforte (71), psiquiatra del asesino de su marido. El especialista acaba de ser absuelto.

«Somos dos familias destrozadas. El médico es culpable. Estaban las pruebas», dice la mujer, que es colombiana. Y agrega: «Vamos a apelar y vamos a seguir buscando justicia. Mi hijo tiene 7 años. Pronto lo voy a tener que mirar a los ojos y explicarle que no pude encontrar justicia por la muerte de su padre, que no lo logré. No quiero que eso pase».

El lunes 28 de septiembre de 2020, en plena pandemia, Rodrigo Roza (51), paciente con esquizofrenia paranoica continua, llegó a los gritos a la avenida Figueroa Alcorta, a metros del Malba. Allí, luego de arrojar un ave muerta que guardaba en una mochila, y de gritar frases sobre Dios, el sol y el universo, atacó y mató de cuatro cuchilladas a Roldán, miembro de la División Montada de la Policía Federal Argentina (PFA). El crimen fue a las 16. Al defenderse, Roldán alcanzó a disparar su arma. Roza recibió tres disparos y también murió, un día después.

El juicio estuvo a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 28. A Monforte se lo acusó por «homicidio culposo (prevé una pena de 1 a 5 años)», por el crimen de Roldán, y por «abandono de persona seguido de muerte (prevé una pena de 5 a 15 años)», por su paciente.

Juan Roza, hermano del asesino, se abraza con Carolina, la viuda. La consuela. Luego habla con Clarín y cuenta cómo es vivir con un hermano con esquizofrenia paranoica continua. «Es una incertidumbre constante. Por algunos momentos Rodrigo tomaba la medicación y estaba bien. Pero de un día a otro sentía que no debía tomarla más y comenzaban los problemas. Ya tuvimos esta tragedia, la de ‘Chano’ (por el músico), que terminó herido y vamos a tener más hasta que internar a un paciente sea algo más simple«, dice.

Rodrigo se crió en Salguero al 1900 y a sus 20 años se mudó a Canadá. Cerca de sus 40 fue internado por primera vez, en aquel país. Pasó 30 días. Luego aceptó el pedido de su familia, de regresar a Buenos Aires. «No bien llegó, viví en persona lo difícil que es internar a alguien», declaró durante una audiencia Gonzalo, su otro hermano.

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El policía fallecido fue herido de una puñalada en el pecho, a la altura del corazón

«Escuchaba voces que no existían», «hablaba solo», «decía incoherencias», «realizaba movimientos físicos extraños», «lo llevamos al hospital, lo ataron y se escapó», fueron algunos de los síntomas que recordaron durante el juicio. Todo se agravó en enero de 2011: una madrugada caminó hasta la puerta de la Embajada de Estados Unidos y se desnudó. Decía tener un mensaje para el presidente de aquel entonces, Barack Obama.

Esa situación lo llevó a su primera internación en Argentina. Pasó otros treinta días y regresó a la casa de su madre, de Salguero. «Tenía delirios de persecución. Decía que lo seguían miembros del ISIS. Hizo cambiar la cerradura de su casa tres o cuatro veces», aseguraron sus familiares.

Juan Alberto Monforte, el psiquiatra de Rodrigo Roza

Monforte se convirtió en su psiquiatra en 2014. Roza estuvo medicado en todo momento. Su familia recuerda que el mejor año de Rodrigo fue el 2019. «Puedo decir que lo disfruté como hermano. Charlábamos, venía a mi oficina y le inventaba tareas para que estuviese ocupado. Hasta realizó un curso de ayudante terapéutico», confesó Gonzalo, que es escribano.

El inspector de la PFA Juan Pablo Roldán, de 34 años. Tenía un hijo de 4 y fue asesinado a metros del Malba.El inspector de la PFA Juan Pablo Roldán, de 34 años. Tenía un hijo de 4 y fue asesinado a metros del Malba.En 2020, año de la pandemia, la familia volvió a notarlo mal. Se preocuparon otra vez. El primer síntoma fueron los movimientos físicos de cabeza y hombros. El 18 de septiembre de ese año Rodrigo visitó a Monforte en su consultorio. El profesional le dio turno para el viernes 2 de octubre y le recetó una medicación. Aunque dejó de tomarla.

Y el sábado 26, lo más grave: Roza regresó a la Embajada de Estados Unidos. Decía tener una carta con un mensaje para el presidente Donald Trump. Fue a la tarde. A la noche se fue de su casa. El domingo empujó a una cuñada y a un hermano y se volvió a negar a tomar su medicación. Los Roza llamaron a Monforte. Sentían que era momento de internarlo. El psiquiatra les dijo que podría recibirlo a partir del lunes a las 19.

Pero tres horas antes Roza se fue de su casa y asesinó a Roldán. Vadim Mischanchuk es el defensor del psiquiatra. A metros de la entrada al TOC 28, siempre sobre la vereda de Paraguay, dice que aquel domingo Monforte hizo un pedido en una prepaga. «Como Roza se fue de la casa, su familia desactivó el pedido de la ambulancia», cuenta.

El dolor y la impotencia de Carolina Zambrano, la viuda del policía Juan Pablo Roldán, a la salida del juicio. Foto Luciano ThiebergerEl dolor y la impotencia de Carolina Zambrano, la viuda del policía Juan Pablo Roldán, a la salida del juicio. Foto Luciano ThiebergerEl fiscal Sandro Abraldes había pedido tres años de prisión y ocho años de inhabilitación por la muerte del policía. La querella de Zambrano, la viuda de Roldón, había solicitado 10 años de prisión y otros 10 de inhabilitación como responsable de las dos muertes. Según la imputación, Roza representaba un «riesgo inminente para sí y terceros» y Monforte «ostentando el poder de evitación de ese resultado, soslayó toda acción positiva tendiente a neutralizarlo o reducirlo».

«Nuestro sistema jurídico no habilita a un paciente a internar de manera compulsiva a su paciente», agregó Mischanchuk. «Lo que se debe hacer en estos casos es llamar a un servicio de urgencia para un traslado a una guardia. Y allí será evaluado por un equipo que requiere un psiquiatra, un psicólogo, una trabajadora social y un enfermero. Ese trabajo en conjunto decidirá una orden de internación involuntaria».

Juan Roza vivió en carne propia la convivencia con un paciente. Confiesa que durante dos años sintió culpas por creer que podría haber hecho algo más por su hermano y evitar la tragedia. Hasta que se perdonó. Hoy sugiere una modificación en la ley de salud mental.

El TOC 28 absolvió al psiquiatra de Rodrigo Roza. Foto Luciano ThiebergerEl TOC 28 absolvió al psiquiatra de Rodrigo Roza. Foto Luciano Thieberger«La internación se hace inviable cuando hay tantas personas en el medio. Debería ser algo más razonable. Estamos hablando de adictos y enfermos psiquiátricos. Parece que los legisladores, si no padecen la problemática, no se mueven por cambiarla. Participamos del juicio porque queremos generar conciencia: internar a un ser querido no debería ser tan difícil», concluyó.

MG

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