Tiene 17 años y en tres meses combinó la chatarra de dos modelos de autos históricos para hacer “la rata”

Con el motor de un Taunus y la carrocería de un Ford A, padre e hijo le dieron vida a una aventura. “Mi papá armaba y desarmaba autos. No sabía que era un sueño hasta que lo hice”, contó Ezequiel a TN.

23 de septiembre 2023, 05:45hs

Video PlaceholderCon el motor de un Taunus y un Ford A, padre e hijo le dieron vida a una aventura. (Foto: TN/Agustina Ribó)

Ezequiel Paoli tiene 17 años, estudia en la Escuela Técnica N°5 de Temperley y entre los conocimientos que fue adquiriendo en el colegio, pero sobre todo con una pasión que corre por sus venas, heredada de su papá, logró hacer funcionar un auto que se había partido al medio, literalmente.

“Mi viejo había conseguido un Ford Taunus que habíamos desarmado y guardado. Después consiguió el Ford A modelo 1931 y me dijo que lo desarme, yo sin saber nada. A los pocos días me dijo que lo arme para que ande, que entre los dos hagamos uno y que ese auto era mío. No lo podía creer. Así que ahí le metí de lleno”, detalló a TN sobre los inicios de la aventura que vivieron padre e hijo.

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Ezequiel tiene 17 años y desde que tiene uso de razón ayuda a su papá en el taller, hobby que comparten. (Foto: TN/Agustina Ribó)

Ezequiel tiene 17 años y desde que tiene uso de razón ayuda a su papá en el taller, hobby que comparten. (Foto: TN/Agustina Ribó)

Lo que fue una desgracia para el amigo de Emilio, el padre de Ezequiel, fue un sueño para él. “Resulta que un día un amigo me llama y me dice que tenía el Ford A destruido para venderme a dos mangos. Yo no quería saber nada, pero bueno, se lo terminé comprando y cuando llegamos a la esquina de mi casa se partió al medio, literal. Fue un caos”, contó entre risas.

De ahí todo fue empeño y sacrificio. Dos días por semana, después del colegio, y los sábados completos dedicados a “la rata”, como lo llaman ellos, ya que “la idea es hacer un auto con lo que tengas en tu casa, ya si compras algo y se lo ponés pierde la gracia”. Una técnica conocida mundialmente como “rat rod”.

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Así como los domingos son sagrados para muchas familias, para los Paoli el sábado era el “día de los fierros”. “Nos poníamos a hacer cosas y hasta que no termináramos con los que nos proponíamos no parábamos”, contó Ezequiel y Emilio agregó: “Casi todo, por no decir todo, lo hizo él. Yo lo ayudaba con lo más complejo que quizás él aún no maneja”.

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El «rat rod» que es furor en las calles de Banfield. (Foto: TN/Agustina Ribó)

“Mi papá armaba y desarmaba autos. Me encanta. Cuando termine el colegio quiero estudiar ingeniería mecánica”, contó de cara a su futuro.

“Tenía muchas ganas de hacerlo, no me di cuenta de que era un sueño hacerlo hasta que realmente lo concreté”, indicó. Dentro de todos los arreglos que tuvieron que hacerle por ejemplo, la parrilla, que se ve en el frente del vehículo, se fabricó con los marcos de ventana de un Chevrolet 39 que se cortaron, se unieron y se usó una malla tejida en el centro.

El furor por la creación de “la rata” colmó las calles de Banfield, los vecinos pasan, saludan, tocan bocina y hasta levantan en pulgar mientras ven la creación de Ezequiel. ”Le faltan algunos detallitos, pero quiero dejarlo bien zarpado”, detalló.

Una pasión heredada y el orgullo de su padre

Emilio se dedica a restaurar autos por hobby, en su taller, el fanático de Chevrolet, tiene todo tipo de motores, pedazos de puertas, capó, todo lo que para cualquier persona podría ser un mero pedazo de chatarra para ellos es un tesoro.

“No estuvo todo planeando, sino que se fue dando”, contaron, emocionados, padre e hijo en diálogo con TN.

Ezequiel y Emilio comparten la misma pasión. (Foto: TN/Agustina Ribó)

Ezequiel y Emilio comparten la misma pasión. (Foto: TN/Agustina Ribó)

La pasión por los autos es algo que corre en las venas de esa familia. Aunque, en realidad Emilio viene de una familia de puros futboleros, él fue quien rompió con ese patrón y sin proponérselo se lo pasó a su hijo.

“Yo lo acompañé en todo lo que él quería hacer, en sus deportes y todo, pero a él le gustan los fierros. Se crió acá”, dijo señalando el taller y agregó: “Así que poder compartir esta pasión con él es un orgullo. No puedo pedir más nada”, concluyó, con los ojos llenos de lágrimas, orgulloso de su hijo.

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